Julián Pardinas Sanz
No es un premio, es una herramienta de la justicia
CAMPO DO DESAFÍO
Hace un mes que el presidente del Gobierno solicitó la comparecencia en el Congreso. Se había conocido entonces la calificación de investigado a Zapatero y trascendido nuevos capítulos de las andanzas de Leire Díez en la fontanería ideada por Santos Cerdán y Gaspar Zarrías. En este tiempo se han sucedido varios capítulos de indudable calado. El primero y fundamental, la sentencia de 24 años impuesta por el Tribunal Supremo a Ábalos, por hechos cometidos en su tiempo de ministro y secretario de Organización del PSOE. El segundo, la comparecencia de Zapatero en el juzgado y la peritación exorbitante de unas joyas cuyo origen el expresidente no ha aclarado. Hay más asuntos judiciales que cercan a Sánchez y que, en todos los casos, le restan capital moral, mostrando falta de diligencia en la prevención de delitos y en la toma de decisiones políticas correctoras.
En este escenario, era razonable pensar en un Pedro Sánchez capaz de decir algo relevante sobre los motivos del cese fulminante en 2021 de su entonces ministro Ábalos o sobre las torpes y fantasiosas maniobras de Cerdán y Leire Díez en nombre del PSOE. Nada de esto ocurrió. Después de reiterar la confianza en la Justicia y, acto seguido, pedir que esta “sea justa”, Sánchez optó por dar un paso al frente lanzando a modo de cierre triunfal: “¡Cómo no vamos a continuar!”. Continuar haciendo qué, cabría preguntarse desde este lado de la barrera, porque no todo vale bajo la capa del más honesto progresismo y de los indudables logros en materia económica, laboral y social.
Llevan tanto tiempo Sánchez y el PSOE paralizados en la queja, sea el supuesto “lawfare”, la persecución judicial con fines políticos, las filtraciones de declaraciones y sumarios, la toxicidad de las redes y determinados medios digitales, que han acabado por pensar que no deben algún nivel de explicaciones sobre sus actos, hayan sido estos cometidos por acción u omisión. Explicaciones, por supuesto, al resto de miembros del Congreso, pero también a la sociedad en general, sin mediaciones, sin filtros interpretativos interesados: una explicación ante la gente. Todo esto se ha echado de menos en la comparecencia en el Congreso. No ha sido el Sánchez de las aclaraciones, sino el Sánchez victimista incapaz de interiorizar el menoscabo de su legitimidad, sea por la sentencia a Ábalos, y también política por el ronsel de estrepitosas derrotas electorales en diversas comunidades autónomas.
Frente a esto, la posición de Feijóo no gana enteros, no acaba de cuajar, de sumar voluntades en grupos y franjas ideológicas susceptibles de ser atraídas si el horizonte propuesto no estuviera tan condicionado por la única compañía de Vox, el elefante en la habitación al que Feijóo no deja de alimentar.
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