Congreso a secas
Pese a que en la fachada seguirá poniendo “Congreso de los Diputados”, la Cámara Baja nunca ha sido o es de los diputados ni de las diputadas por mucho que se cambien el reglamento y su denominación de origen. El Congreso a secas es, en realidad, de la ciudadanía, de la sociedad española, de los españoles en general y en genérico, de lo que la Constitución consagra como soberanía nacional. Perder el tiempo en este tipo de enredos de distracción para colar la desacreditación de informadores críticos con el sanchismo equivale a incrementar la tomadura de pelo del pueblo patrio con demagogias de falsa igualdad que no están entre las prioridades sociales de un país sobrepasado por la corrupción y las cesiones desigualitarias a los socios que sostienen el sanchismo. El artículo 1 de la Carta Magna no sólo zanja que la soberanía nacional reside en el pueblo español, sino que certifica que del pueblo español emanan los poderes del Estado. Y cuando se habla en estos términos conviene no olvidar que el pueblo español está formado por los ciudadanos/as de todas las autonomías del territorio nacional, sin distinción de privilegio para unos pocos que predican la histórica falacia del “España nos roba” y de la “financiación singular” cuando en realidad todo el mundo sabe que estamos ante un evidente despilfarro y gasto sin control que arranca con el pujolismo del 3 por ciento, mucho antes de la malversación del procés y las frivolidades golpistas delictivas de la republica inexistente de Cataluña.
El último pleno del curso político nos dejó en soledad a Alberto Núñez Feijóo ensayando su futuro presidencial sin un jefe del Gobierno al que reprobar una conducta irregular. Pedro Sánchez decidió ejercer de campeón de la progresía radical latinoamericana, sólo faltaba Maduro, en una nueva gira surrealista de estadista galáctico sin más justificación diplomática que la propaganda izquierdista cuando en España se le ve últimamente como campeón de la corrupción. Pedro se escapa siempre que puede al extranjero para huir de los problemas simulando un régimen virtual con el que se ha fabricado una realidad paralela ajena a la verdad democrática. Del último pleno del Congreso a secas se cayeron intentonas intervencionistas como la Ley Bolaños de control judicial preventivo contra la corrupción y la rebaja de la jornada laboral con la que resucitar a Yolanda del resta y sigue, pues lo que se dice Sumar no suma mucho. Sánchez cosechó otra derrota parlamentaria a derechas e izquierdas con el decreto antiapagones.
En la tierna escena de la mano que mece la cuna, a Alberto se le ha aparecido un bebé llamado Montoro
Feijóo acaricia el cambio en la cúspide de la oposición, con un Sánchez en escapada hacia ninguna parte y un Abascal favoreciendo el discurso socialista de exclusión inmovilista. Hay un claro impedimento de la alternancia regeneradora con la cantinela de la extrema derecha fascista practicada desde la extrema izquierda también fascista mediante el engaño falsario poco democrático del cordón sanitario que la ceja del pesebre avala en un manifiesto descarado que da cobertura a la corrupción del sanchismo. En la tierna escena de la mano que mece la cuna, a Alberto se le ha aparecido un bebé llamado Montoro cuyo mochuelo le intentan cargar para equilibrar el relato político y mediático sincronizado de las corruptelas de Gobierno, partido y familia de Pedro viajero. Con Lula, Petro y Boric calmando el ego y los pucheritos victimistas del campeón español, Sánchez aspira a gladiador anti Trump-Milei, un papel al que se agarra como a un clavo ardiendo igual que se agarra al caso Montoro intentando igualarlo a Cerdán, Ábalos y Koldo. De igual forma, lo del novio de Ayuso tampoco logra empatar las maniobras del Fiscal del Estado sanchista ni la conducta imputada de la esposa Begoña y el hermano David, aunque el CV fake de la dimitida Noelia Núñez ha hecho pupa. Y por si fuera poco, el burdel en el que el sanchismo ha convertido el comportamiento de dirigentes relevantes del PSOE, cuyo nombramiento directo in vigilando corresponde a Sánchez, avergüenza la moralidad democrática española, lo que pone bajo sospecha la financiación de partido y de aquella excursión del Peugeot que muchos conectan con dinero procedente de las saunas del suegro. En fin, el enredo y el fango es tan espeso que a los españoles les vendrán bien unas vacaciones sin políticos para distanciarse de la cloaca en la que se ha convertido cierta política española. Aquí lo mismo aparece una fontanera con aspiraciones estelares de diva del fango que habla a gritos el atronador silencio del sanchismo sobre sus vergüenzas mientras el régimen abanica el vendaval declarativo gubernamental del “y tú más” equiparando el pasado ya depurado y juzgado del PP con el presente sanchista sin depurar en las urnas. A Feijóo aún le esperan mucho sufrimiento y sacrificio si quiere evitar la frustración y el desencanto de las generales de 2023. Se comprenden su desconfianza y cierre de filas en torno a un equipo que sectores internos del PP critican, pero Feijóo será mucho mejor presidente que líder de la oposición. Le resultará más fácil adaptarse al reto del poder de lo que le resultó aclimatarse a la selva política madrileña con métodos gallegos insuficientes.
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