El misterio de la desaparición de aquella vajilla del Zamora 8
HISTORIAS DE UN SENTIMENTAL
Otras veces me he referido aquí al expolio que se produjo en el Cuartel de San Francisco, cuando en octubre de 1987 fue disuelto el Regimiento de Infantería Zamora 8. Por haber servido en sus filas y mi destino en la secretaría del coronel tengo en ese sentido documentación y perspectiva de los bienes que desaparecieron y que deberían haber sido conservados en la ciudad. La lista es interminable: desde los fondos de la biblioteca a una colección de armas blancas de diversas épocas y otra serie de bienes, dotaciones y todo tipo de objetor ordinarios, aparte de los guiones y banderines de las compañías y el propio estandarte del batallón. Ya he contado que yo recuperé las últimas banderas que se arriaron del mástil de la principal, que hallé tiradas en la cocina, para ser quemadas. Alguna de esas banderas las entregué al Museo de Isabel la Católica 29 en Figueirido, y al propio museo sobre el Zamora 8 que actualmente se ha montado en la subdelegación del Ministerio de Defensa.
El Regimiento Zamora 8 poseía una vajilla completa con todos los servicios, con el escudo de la unidad que se usaba en determinados actos sociales a lo largo del año, especialmente en las celebraciones y efemérides. Y desapareció. Muchos pensamos que se la habían llevado al Regimiento del Príncipe, en Asturias, a donde fueron a parar otros bienes del Zamora. Pero años después, hablando con uno de los coroneles de esta unidad me dijo que allí no había nada de lo que yo recordaba. Cierto, que los banderines de compañía, una vez disuelta la unidad, se lo llevaron alguno de los últimos capitanes e incluso pudimos recuperar alguno para algún acto de veteranos. Por lo general, este tipo de objetos, paños e instrumentos de la banda aparecen el Rastro de Madrid o en tiendas de lance similares.
En la rehabilitación del cuartel de San Francisco para su uso actual, los veteranos lamentados otros daños a la memoria de su historia
Algunos mandos del Zamora, de los últimos tiempos en armas, como el coronel Antonio Castaño y otros, se preocuparon en su momento y trataron de evitar los espolios. Castaño se preguntaba en ese sentido quién se habría llevado la famosa vajilla, y es evidente que alguien lo hizo. Tuve la suerte de haberle hecho una foto en un acto en aquellos lejanos días de 1969. Ya he contado que mejor suerte tuve, gracias al teniente Hernáiz, al que yo conociera de sargento, de recuperar y salvar una caja de fotos de diversas épocas del Zamora 8, que también iba a ser destruidas, gracias a lo cual pude componer mi libro sobre el regimiento y aportarlas para la exposición conmemorativa y ahora permanente.
En la rehabilitación del cuartel de San Francisco para su uso actual, los veteranos lamentados otros daños a la memoria de su historia. Con independencia de su valor artístico, en el frente de la escalera principal dos soldados pintaran en 1968-1969 un mural alegórico de la Infantería que nunca debería haber sido destruido, como recuerdo de que aquel edificio fuera cuartel varios cientos de años. No creo que esto fuera una ocasión de mala voluntad de nadie, sino de que tampoco a nadie se le ocurrió que aquel mural era una parte modesta, pero expresiva, de una larga etapa de la historia de quel edificio y de la vida de cientos de soldados que pasaron por allí.
Lo de la vajilla tiene otro perfil, pues era un bien concreto, completo, de un significativo número de piezas que se guardaba y conservaba en la dependencia adecuada. Es evidente que, si no se lo llevaron al cuartel del Regimiento Príncipe en Asturias, ¿a dónde fue a parar?
Aparte de la vajilla y de otros objetos, lo que me parece una pérdida de especial significado es la desaparición de la colección de armas blanca, sables, machetes, bayonetas de diversos tiempos. No en vano el Zamora tuvo en su tiempo un regimiento gemelo en América y yo creo que algunas de aquellas armas eran de esa procedencia. Aunque una sencilla placa recuerda que el cuartel de San Francisco cumplió una misión histórica esperemos que no se desdibuje del todo el recuerdo de que por allí pasamos miles de ciudadanos desde que el edificio fue convertido en cuartel. Y gracias a lo cual, sin medios adecuados, se cuidó y conservó el famoso claustro que hoy se conserva.
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