Consejos a Democracia 21

Publicado: 17 jul 2026 - 03:50
Opinión en La Región.
Opinión en La Región. | José Paz

La aparición de Democracia 21, el nuevo partido impulsado por Míriam González, ha despertado una comprensible expectación. España constituye una anomalía en Europa: el liberalismo político es parte del paisaje institucional de la mayoría de democracias occidentales, pero aquí ha encadenado una larga sucesión de intentos fallidos. Por eso conviene recibir este nuevo proyecto con interés, pero también con prudencia. La impulsora, Míriam González, posee una sólida trayectoria profesional en Derecho internacional y comercio, pero no tiene más experiencia política que la observada al convivir con su pareja, un importante político liberal británico. Es decir, con todo respeto, carece de experiencia política directa o de gestión institucional propia. Su plataforma España Mejor, presentada en 2023, no ha logrado ser un movimiento social de alcance. Además, el contexto europeo no ayuda. Durante décadas, la familia liberal europea ha buscado desesperadamente disponer de un partido sólido en un país tan grande y relevante como es el nuestro. Esa búsqueda ha producido una cierta tendencia a depositar expectativas excesivas sobre proyectos muy distintos entre sí pero todos ellos escasísimamente liberales: CDS, CDL, UPyD o Ciudadanos recibieron en diferentes momentos el apoyo de los liberales europeos pero ninguno logró consolidar un espacio liberal auténtico ni afianzarse definitivamente como partido permanente. El riesgo de repetir ese ciclo existe, y a ello se suma una circunstancia nueva: el propio liberalismo europeo atraviesa probablemente su momento más amargo desde la posguerra. El FDP alemán se ha quedado fuera del Bundestag; Renew Europe ha pasado al quinto puesto del Parlamento Europeo… Sólo algunos casos, como Iniciativa Liberal en Portugal o la fortaleza de los dos partidos liberales holandeses, ofrecen hoy motivos para la esperanza.

Precisamente porque la situación es complicada, Democracia 21 debería evitar cuidadosamente los errores de sus predecesores. Sin mucha esperanza pero con la mejor intención, aquí van algunos consejos para conjurarlos. El primer error consiste en refugiarse en el estéril centrismo indefinido tan típico en España. Basta de partidos que se dicen “transversales”, “reformistas” o “de centro”, huyendo de identificarse como liberales. En España quienes buscan una opción liberal rechazan esa tibieza. Si Democracia 21 aspira realmente a representar ese espacio político europeo, debe reivindicar sin complejos el liberalismo como su identidad política propia. El segundo error sería entender ese liberalismo únicamente como una posición moderadora situada entre socialdemócratas y democristianos. Esa fórmula pudo resultar razonable durante buena parte de la Guerra Fría y los noventa, cuando el llamado “consenso socialdemócrata” descrito por Ralf Dahrendorf era el marco general de la política europea. Hoy el contexto es muy distinto. Las democracias liberales afrontan desafíos procedentes tanto del populismo de izquierdas como del nacional-populismo de derechas. Defender la democracia liberal exige hoy una mayor claridad doctrinal y un “aggiornamento” del liberalismo en una clave más radical, más libertaria. Precisamente haría bien D21 en mirar hacia el pequeño Partido Libertario (P-LIB) y tal vez buscar acuerdos. Es extraparlamentario, pero de las ideas de la Libertad sabe más que nadie en España. Otro error sería limitar el liberalismo a las libertades civiles y descafeinarlo en economía. Esto fue constante en Ciudadanos. Un partido liberal debe defender con la misma convicción la libertad moral personal y la la libertad económica. Por ello, deben ser banderas de D21 la propiedad privada, la libre empresa, la desregulación, la reducción del expolio fiscal a empresas y ciudadanos, y la sustitución del quebrado sistema de pensiones y de “bienestar” por la privatización de los servicios (mediante cheque a rentas bajas) y la capitalización individualizada para la jubilación. Y por último, hay que abandonar el nacionalismo de la foto de Colón. Un auténtico federalismo competitivo, basado en una amplia autonomía normativa y fiscal de las comunidades autónomas, en desarrollo pleno y definitivo del marco constitucional, es una respuesta más liberal a la complejidad y la diversidad de nuestro país que el terror a la división, en el que también incurrió Ciudadanos.

Si Democracia 21 desea ocupar el espacio liberal que desde la Transición ansiamos, debe mirar menos a los experimentos fallidos del pasado y más a ejemplos recientes como Iniciativa Liberal en Portugal. El éxito del partido luso ha sido no esconder el liberalismo, sino precisamente hacer gala de él, explicándolo con claridad y sin paños calientes. En política, la autenticidad genera más confianza que la indefinición “guay”. Tal vez ahí resida la mejor oportunidad para que, esta vez sí, el liberalismo español deje de vivir instalado en un permanente déjà vu. Y tal vez ahí esté la formula para que D21 pase de las musas al teatro. Míriam, te deseo suerte si de verdad vas a hacer un partido cien por cien liberal… pero sólo en ese caso.

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