Constitución longeva

Publicado: 27 feb 2026 - 00:05
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Hubo una incomparecencia notoria en la celebración del acto institucional de la Constitución de 1978, que se convierte en la más duradera de la historia de España, superando los 47 años, y ha sido la ausencia en el palacio del congreso de los Diputados del rey emérito, don Juan Carlos I de España y padre del actual monarca, quien tampoco le dedicó ni unas letras a su progenitor. Pues hubiera tenido un momento más que oportuno, entremezclando su discurso en el que tuvo ocasión de aludir a expresiones como “la mejor manera de conmemorar la Constitución es cumplirla” y hacer un reconocimiento a las víctimas de ETA.

El caso es que nuestro rey en el exilio había protagonizado en aquel momento con su presencia el acto oficial de la instauración de nuestra vigente, y hoy longeva, Constitución española, ratificada en público referéndum el 6 de diciembre de 1978 y promulgada el 27 de diciembre del mismo año. Así, se reconoce explícitamente la persona Rey que dio paso a la democracia, convirtiéndole en legítimo heredero de la dinastía histórica de Borbón, y otorgándole la Jefatura del Estado. Dicha carta magna confiere a su dignidad el rango de símbolo de la unidad nacional. Desafortunadamente, los avares de la vida del este rey le han obligado a retirarse a un exilio, y que esporádicamente aparece por su país, incluso con breves encuentros con su hijo.

La duda es aclarar lo que pasó, pues hay debate entre quienes piensan que fue Juan Carlos I “quien orquestó el golpe y quienes sostienen que no sabía nada”

Y ahora, coincidiendo con el aniversario del 23F y el anuncio de que el Gobierno, “para saldar una deuda histórica”, ha desclasificado los documentos de ese infausto día -del que se cumplen 45 años-, nuevamente saldrá a colación la figura del monarca padre sobre el que persiste la incógnita todavía a dirimir tras el golpe de estado. La duda es aclarar lo que pasó, pues hay debate entre quienes piensan que fue Juan Carlos I “quien orquestó el golpe y quienes sostienen que no sabía nada” y consecuentemente “lo frenó” con su “famoso mensaje” coincidiendo la noche del 23 al 24 de febrero de 1981. Un recuerdo para el debate.

Pero recuperando el citado reciente discurso de Felipe VI en las Cortes, ha expresado que “para entender el valor real de nuestra constitución deberíamos ser capaces de imaginarnos cómo seríamos, los españoles, si no hubiéramos optado, en el año 1978, por ese conjunto de ideas.”. Y se pregunta “cómo viviríamos”, y continua preguntándose: “¿Podríamos, del mismo modo, desarrollar nuestra identidad y cultivar nuestras tradiciones? ¿Contaríamos con los mismos instrumentos para denunciar injusticias y arbitrariedades?”. Una retahíla de incertidumbres que en estos largos años han propagando tantas vicisitudes.

Pero nuestro soberano no se olvidó de “recordar a todos los que se dejaron la vida en el camino hacia la consolidación de nuestro régimen de libertades”. Y por supuesto, todo ese aluvión de “manos pintadas de blanco por las calles. Todas juntas, esas manos componían un inmenso ‘no’: un ‘no’ a la violencia; un ‘no’ al terror; un ‘no’, a la barbarie. Y ahí estaba, también, la expresión de nuestros valores constitucionales”. Y recuerda que hubo 15 años más de “terrorismo y su afán asesino y destructor”.

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