Luis Carlos de la Peña
CAMPO DO DESAFÍO
Construir, habitar, pensar
CAMPO DO DESAFÍO
La vivienda, en propiedad o en alquiler, es el pasaporte a la emancipación. Un instrumento elevado a categoría de símbolo, de la autonomía propia, y refugio sicológico ante los avatares de la vida. La existencia misma gravita sobre el hecho de habitar, advirtió el filósofo Martin Heidegger, en célebre conferencia a los arquitectos alemanes ante la ingente tarea de reedificar su país. En consecuencia, el desahucio o la ejecución hipotecaria van más allá de la cancelación de una deuda, de la resolución de un contrato: son la amputación de la persona, de su expectativa vital, un daño a la consideración integral del ser humano. “Mi casa es mi castillo”, es la frase del jurista inglés, Edward Coke, a finales del siglo XVI, que ha atravesado el tiempo sin perder un ápice de su profunda esencia. El hogar es sagrado y frente a este carácter superior, los intereses comerciales revelan su inferior naturaleza, aunque no resten nada a su legitimidad. De ahí la dificultad de amparar, integrándolos, ambos haces de derechos.
Mucho me temo que la extrema polarización que atravesamos impida, una vez más, el enfoque conjunto de tan multifacética como trascendente cuestión
La pequeña política, aquella que gobierna encastillada tras el decreto ley, sin apenas debate ni enmiendas y con mayorías pírricas, no suele acertar con lo que conviene a la mayoría social. Por eso existen las materias que requieren de los parlamentos mayorías reforzadas y acuerdos transversales entre partidos: son los asuntos que llamamos de Estado, las grandes políticas. La vivienda debiera estar entre ellas. Mucho me temo que la extrema polarización que atravesamos impida, una vez más, el enfoque conjunto de tan multifacética como trascendente cuestión.
Una complejidad derivada de la diversidad de agentes intervinientes, con intereses a priori complementarios, sí, pero con posiciones de partida y llegada crecientemente dispares. Un rompecabezas que pone en contacto a inquilinos y aspirantes a la propiedad con el conjunto de arrendadores y promotores inmobiliarios; a las Administraciones públicas que, en sus escalonadas competencias urbanísticas, ponen a disposición los suelos en condiciones óptimas para su desarrollo, incluidas las relacionadas con los tiempos de su cada vez más intrincada tramitación; los costes totales de la promoción que deben encontrarse con el nivel adecuado de los salarios y facilidad de acceso al crédito hipotecario; la protección final de los derechos de todos los intervinientes que la política legislativa debe procurar ensamblar para poder reconocernos como comunidad, y no solo alrededor de los triunfos deportivos.
Construir, habitar, pensar… En las palabras de Heidegger a los arquitectos, construir equivale a preparar y cultivar un huerto; habitar es la realización de la existencia, la paz y la libertad; el pensar, la actitud conveniente de apertura y escucha. La profunda poética de la filosofía llena de nuevos significados y extensiones las palabras que parecían solo nombrar mercancías y contratos legales.
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