Contar Ourense fuera

SENDA 0011

Publicado: 18 oct 2026 - 03:20
Opinión de Jorge Vázquez
Opinión de Jorge Vázquez

Estos días he estado en Madrid y en Bilbao, en los encuentros con inversores que organiza Tenvalue, una firma de análisis independiente que sigue a empresas cotizadas. El objetivo era contar Redegal a gente que, en su mayoría, no ha pisado nunca Ourense. Reuniones de una hora, una detrás de otra, y muchas preguntas. He hecho viajes así otras veces y siempre vuelvo con la misma sensación: lo más importante de la presentación no está en ninguna diapositiva. Está en la primera frase, cuando dices de dónde vienes.

Porque casi siempre llega la pregunta, con curiosidad y sin mala intención: ¿y por qué seguís en Ourense? La he escuchado en muchas versiones durante veintidós años. Al principio la contestaba casi pidiendo disculpas. Hoy la contesto con orgullo, y no por romanticismo, sino porque tengo argumentos. El primero es la gente. En Galicia hay talento técnico de primer nivel que no quiere irse, y una empresa que le ofrece proyectos de verdad sin obligarle a hacer la maleta juega con ventaja. Pero lo que más me gusta contar es lo que vino después. Aquella empresa nacida en Ourense hoy trabaja en España, México, Portugal y otros países, y en su equipo ya conviven catorce nacionalidades diferentes. Gente de medio mundo que ha elegido una compañía de aquí. Hace veinte años eso me habría parecido imposible, y es probablemente lo que más orgullo me da.

El segundo son los proyectos. Desde aquí hemos construido producto propio que viaja. Boostic y Binnacle nacieron para ayudar a decidir mejor con los datos y hoy ya son plataformas agénticas: observan, proponen y, en algunos casos, ejecutan. Y hace pocas semanas empezamos a trabajar con uno de los mayores retailers de Latinoamérica, en un proyecto muy centrado en datos, que es justo donde tenemos un equipo envidiable. Cuando cuentas eso en una sala de Madrid y añades que todo empezó en un despacho de Ourense, la conversación cambia de tono. Dejas de ser el proveedor de una ciudad pequeña y pasas a ser alguien que resuelve al otro lado del océano el mismo problema que en una tienda de Galicia. Cambian los ceros y la exigencia. El problema es el mismo.

Ourense no es un argumento de venta, es un punto de partida. Es verdad que desde aquí algunas cosas cuestan más, pero eso no es un mérito.

Bilbao tiene además algo que a un ourensano le resulta muy familiar. Es una ciudad que sabe lo que es reinventarse, con una cultura del trabajo bien hecho que se nota en cómo te escuchan. Allí nadie se impresiona por lo bonita que sea una presentación. Les interesa si lo que cuentas aguanta tres preguntas seguidas. Me sentí en casa.

Ahora bien, el orgullo tiene trampa. Defender Galicia no es hacer folclore ni convertir la periferia en excusa. A nadie que invierte le importa de dónde eres si lo que cuentas no se sostiene, y está bien que sea así. Ourense no es un argumento de venta, es un punto de partida. Es verdad que desde aquí algunas cosas cuestan más, pero eso no es un mérito. El mérito es lo que uno ha sido capaz de hacer a pesar de ello.

Vuelvo, sobre todo, con agradecimiento. Al equipo, que es quien sostiene de verdad lo que yo cuento en una hora y que lleva muchos meses trabajando sin foco y sin foto, en España y en México. Y a los accionistas que han confiado en un camino largo, desde una ciudad que no aparece en el mapa de casi nadie. Cuando alguien asiente en Madrid o en Bilbao al escuchar lo que hacemos, una buena parte de ese gesto es para ellos.

Si me permite una sugerencia para la próxima vez que presente su empresa fuera de Galicia: diga de dónde es en el primer minuto, no en el último. No como disculpa ni como anécdota simpática, sino como parte del argumento. Y si todavía no sabe explicar por qué estar aquí le hace mejor, piénselo antes de coger el tren, porque esa es la pregunta que le van a hacer.

Hay una cosa más que he aprendido en estos viajes. Fuera, Ourense pesa lo que pesan los que la nombran. Cada empresa de aquí que se sienta en una mesa de Madrid o de Bilbao y cuenta bien lo que hace está abriendo una puerta para la siguiente. Y esa responsabilidad, por pequeña que parezca, también es una forma de defender la tierra.

Defender tu tierra no es hablar de ella. Es conseguir que tu trabajo la nombre por ti.

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