Contra todo

Publicado: 27 abr 2026 - 03:41
Opinión en La Región
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Contra todo pronóstico, Pedro Sánchez no ha conseguido aún dinamitar la sociedad española, lo que no deja de ser asombroso teniendo en cuenta su discurso de investidura. Jamás, ningún candidato a presidir el Gobierno había llegado a su osadía en el debate de investidura. Frente a cualquier otro, incluso admitiendo que estuviera mintiendo, que se comprometía a gobernar para todos, Sánchez dejó claro que levantaría un muro en el Congreso, anticipando que enfrentaría todos contra todos.

Por si no bastara, su periplo político lo lleva a estar en contra de sus socios de la OTAN, contra la Unión Europea, contra los aliados internacionales de España -léase Estados Unidos, Francia o Alemania-; contra la ciudadanía, al mostrar el mayor servilismo hacia Marruecos. Contra los antiguos españoles del Sáhara, pero también contra sus socios de Gobierno: contra Sumar, contra Junts, contra Esquerra Republicana, contra Podemos, contra el PNV y, a lo mínimo, hasta en contra del ujier de Moncloa, que poca o ninguna culpa tiene el pobre funcionario.

No obstante, cabe reconocer que ese enfrentamiento es recíproco. Yolanda Díaz, que forma parte integrante del Gobierno de PSOE-Sumar, está directamente en contra del resto del Gobierno. Podemos, contra el PSOE, le recrimina su militarismo e inversiones presupuestarias en gastos militares.

El resto de grupos parlamentarios que conforman al Gobierno de la investidura también están en contra de él, pese a que sus intereses particulares e inmoralidad continúan apoyándolo. Dentro de la globalización mundial y la mundialización, la Unión Europea, los Estados Unidos, la OTAN, Israel, Trump... todos están en contra de Sánchez.

Y aquí viene una explicación sencilla de lo que está pasando. Europa -y Occidente en general-, se asienta sobre la base social del cristianismo. Ello no implica ninguna práctica religiosa, ni enredarse con ningún sacerdote o pastor, ni besarle el anillo al papa. Sino con ese sustrato social que impone un modelo moral estable que, por encima de cualquier jerarca, rey o emperador, establece históricamente una divinidad que lo somete, sujeta y obliga a adoptar modos y normas que tiendan a proteger al pueblo desde la cúspide hasta la base.

Pero también es necesario apreciar que ese fondo sociológico del cristianismo es el que ha permitido la evolución social y cultural que aún hoy se aprecia en el liderazgo y equilibrio mundial: los hospitales, y por lo tanto la atención a los pobres y al pueblo llano, se fundaron y funcionaron merced a las órdenes religiosas. La evolución en el conocimiento y las artes ha sido posible gracias a que esas mismas órdenes religiosas crearon las universidades, constituyendo el cimiento a partir del que se articuló el desarrollo médico, científico y tecnológico, responsable de la transformación y el progreso de la humanidad. Incluso Ucrania y Rusia se sustentan en el modelo basal del cristianismo ortodoxo, -cristianismo a fin de cuentas-, lo que, como se ve, les permite soportar carros y carretas.

Lejos del racionalismo y cartesianismo, donde a la postre la mayoría de científicos postulan la existencia de algo superior que sostiene la consonancia del universo, cuando los modelos anticapitalistas comenzaron a atacar las bases del Viejo Mundo, es decir, las arremetidas del materialismo histórico dialéctico, o el marxismo si se prefiere, comenzaron a erosionar el fundamento que sostiene a la sociedad occidental.

Esa maniobra fue dejando, por desgaste, un hueco donde antes había un soporte que la sostenía, y para evitar su derrumbamiento, el Estado se apresuró a ocupar aquel espacio baldío. El problema es que la sociedad son muchos y el Estado solo unos pocos. Tan pocos, que 350 diputados deciden lo que les da la gana acerca de cómo los ciudadanos tienen que hablar, pensar y vivir.

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