Pilar Falcón
DÍAS Y COPLAS
Convoca que algo queda
DÍAS Y COPLAS
En España ya no se dimite, se convoca. Uno convoca elecciones porque le han tumbado dos decretos. Los otros convocan huelga general porque les han tumbado el sueldo, porque no tienen para vivienda y porque los sindicatos necesitan demostrar que existen después de no haber sonado en las dos legislaturas del presidente Sánchez. Al final terminamos todos convocando la mismísima siesta.
Pedro Sánchez llama a elecciones y el sindicalismo convoca huelga. Ninguno se llama al otro. Es como una pareja que rompe por WhatsApp sin haber hablado nunca. El sentido de Estado es el “ghosting”, es decir, cortar toda comunicación y desaparecer sin aviso previo. Así inauguramos la novedad de la huelga general convocada contra el que convoca elecciones para defender lo mismo por lo que haces huelga. Es un bucle. Es como hacerte boicot a ti mismo y hasta hay quien habla de huelga general a la oposición, para ser más original que nadie. Uno dice: como no me aprobáis nada, que vote la gente, y el otro dice: como no me subís nada, que pare la gente. Dos niños en el mismo parque y con la misma pelota.
La convocatoria de elecciones y la convocatoria de huelga son lo mismo porque representan y son el fiel reflejo del acta de divorcio con el Parlamento, y en eso habla, gritando al cielo, el último trabajo de la Diputación Permanente obligada a dictaminar especiales funciones al ejercer la soberanía del pueblo con las Cortes disueltas. El ciudadano normal cada vez entiende menos y le resuena la palabra fraude.
Del 6 de octubre al 29 de noviembre van esos 54 días obligatorios. En medio, una huelga general. Es decir, vamos a parar el país para decidir quién quiere arrancar el país. Muy español. Es como cerrar el bar para decidir quién pone las cañas. Una convoca al BOE y la otra al piquete con un tejido laboral que habla de trabajadores a tiempo parcial, autónomos, teletrabajo y subcontratas. Las huelgas generales ya son de todo menos de trabajadores. El BOE publica el martes y disuelve las Cortes. El piquete publica el martes y pasea la calle. El ciudadano medio el martes solo quiere que le dejen ir a trabajar o no ir, pero que se lo aclaren el lunes.
El 28 de noviembre es la jornada de reflexión electoral. ¿Y si la hacemos coincidir con la huelga? Sería ejemplo de reflexión total. Obligatoria. Sin metro. Sin cole. Reflexionas porque reflexionas. Sería la primera vez que España reflexiona de verdad.
El mejor chiste del dúo es que uno convoca elecciones pensando que pierde, los otros convocan huelga pensando que ganan, y en medio Feijóo diciendo que por fin se ha convocado al país a hablar y espera que le griten en las urnas lo que le dejan oír en la calle al presidente y a sus ministros. Convocamos elecciones como consecuencia de la vivienda. Convocamos huelga por el salario para pagar la vivienda. Pero nadie convoca viviendas. Llevamos 10 años convocando cosas alrededor de la casa, pero la casa no aparece. Son los hechos y para eso no hay Boletín Oficial del Estado, sino sentir popular.
En España confundimos convocar con solucionar. Convocar es gratis, cómodo y luce. Construir es caro y sin presupuestos, más todavía. Reflexionar, que es lo que se pide en el fin de semana, y le gusta tanto al presidente Sánchez, no se puede mezclar con convocar. Dos ocasiones pidió para reflexionar Pedro Sánchez y muchas de sus consecuencias pasean por los tribunales.
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