José Antonio Constenla
La Galicia de los cien años
El pasado viernes, el Teatro Principal de Ourense acogió una jornada diferente y especial. Medicina y deporte se dieron la mano en un acto que tendría como uno de sus grandes atractivos la retransmisión en directo de una operación de ligamento cruzado anterior realizada por el doctor Adrián Gallego Goyanes. Pero antes de que las imágenes de la cirugía apareciesen en la gran pantalla del teatro, hubo tiempo para la emoción y el reconocimiento. Afiador quiso aprovechar aquel encuentro para homenajear a una de esas personas que forman parte, casi sin necesidad de presentación, de la historia del fútbol ourensano: el doctor Manuel Cabaleiro Fabeiro.
La distinción, entregada por el presidente del Parlamento de Galicia, Miguel Ángel Santalices, permitió detenerse por unos minutos en una trayectoria difícil de resumir sobre un escenario. Porque hablar de Cabaleiro supone hablar de medicina y psiquiatría, de una extraordinaria tradición familiar, pero también de fútbol, del histórico Club Deportivo Ourense y de varias generaciones de jugadores que encontraron en él mucho más que al médico de un equipo.
Durante 35 años fue médico del club. Una cifra que por sí sola explica la dimensión de su vinculación con la entidad, aunque probablemente no explique lo más importante. Cabaleiro entendió muy pronto algo que hoy parece evidente pero que hace varias décadas apenas tenía espacio en el deporte: detrás de cada futbolista había una persona.
Su condición de médico y psiquiatra le permitió contemplar al deportista desde una perspectiva diferente. No se trataba únicamente de recuperar un músculo, valorar una lesión o decidir cuándo un jugador podía regresar al terreno de juego. También estaban el miedo a lesionarse de nuevo, la presión por rendir, los problemas personales, la inseguridad después de un mal partido o las dificultades que inevitablemente acompañan a cualquier ser humano.
Hoy los clubes cuentan cada vez más con psicólogos y profesionales dedicados al rendimiento y a la salud mental. Cabaleiro ya entendía hace décadas, de una manera mucho más cercana y seguramente menos protocolizada, que cuidar al futbolista exigía también comprender lo que sucedía fuera del terreno de juego. En ese sentido, fue un adelantado a su tiempo.
Vivió buena parte de la historia de la entidad desde dentro y permaneció vinculado a ella tanto en los buenos momentos como cuando comenzaron a llegar las dificultades. Hasta llegar al golpe definitivo: la desaparición del Club Deportivo Ourense. Para una persona que había dedicado tantos años de su vida al club, aquello difícilmente podía ser únicamente la desaparición administrativa de una entidad deportiva. Se marchaba una parte de la historia de Ourense y también una parte importante de su propia vida. Pero precisamente entonces volvió a aparecer el Cabaleiro comprometido con el fútbol de su ciudad.
Cuando un grupo de ourensanistas decidió que aquel sentimiento debía continuar y puso en marcha la Unión Deportiva Ourense, el doctor no se quedó observando desde fuera. Formó parte de la primera directiva de la UD Ourense y participó en aquellos difíciles primeros pasos. Y fue él quien encontró una manera extraordinaria de explicar lo que estaba sucediendo. Utilizando inevitablemente el lenguaje de la medicina, señaló que “el corazón ourensanista se trasplantaba de un club a otro”.
Probablemente solo un médico podía encontrar una metáfora semejante. Y pocas frases resumen mejor su propia historia. El Club Deportivo Ourense podía desaparecer, podían cambiar el nombre, el escudo o la estructura, pero había algo que ningún proceso administrativo podía hacer desaparecer: el sentimiento de quienes habían vivido durante décadas el fútbol ourensano.
Cabaleiro estuvo, de alguna manera, a ambos lados de aquel trasplante
Cabaleiro estuvo, de alguna manera, a ambos lados de aquel trasplante. Acompañó durante décadas al Club Deportivo Ourense y ayudó después a poner en marcha la Unión Deportiva Ourense. Del histórico club al nuevo, del recuerdo a la esperanza, siempre con Ourense como punto de encuentro.
Por eso el reconocimiento del pasado viernes tuvo algo de justicia con la memoria deportiva de la ciudad. Sobre aquel escenario se homenajeaba al médico y al psiquiatra, pero también al hombre que durante décadas estuvo detrás de muchas historias que nunca aparecieron en las crónicas de los partidos. Al profesional que sabía escuchar cuando apenas se hablaba de salud mental en el fútbol. Al directivo que decidió seguir cuando parecía que todo había terminado. Y, especialmente, a la persona.
Resultaba además especialmente apropiado que sucediese durante una jornada dedicada a Medicina y Deporte. Poco después, cerca de 300 personas contemplarían en directo cómo el doctor Adrián Gallego Goyanes reconstruía el ligamento cruzado anterior de un joven de 19 años recientemente lesionado. El homenaje a Cabaleiro sirvió para recordar que en el deporte existen también otras heridas que no aparecen en una resonancia magnética y que necesitan igualmente de personas capaces de escuchar, acompañar y comprender.
La sociedad ourensana quiso reconocer así una trayectoria que pertenece ya a la memoria del deporte ourensano. Porque Manuel Cabaleiro ha dedicado buena parte de su vida a cuidar personas desde la medicina y la psiquiatría, pero también desde un terreno de juego, un vestuario o un despacho cuando fue necesario comenzar otra vez.
El viernes recibió una distinción en el Teatro Principal. El verdadero reconocimiento, sin embargo, probablemente se encuentre en algo imposible de colocar en una vitrina: el recuerdo de todas las personas que se cruzaron con él durante estos años.
Aquel médico del Club Deportivo Ourense sigue representando una manera profundamente humana de entender el deporte. Y aquel corazón ourensanista del que un día habló Manuel Cabaleiro, trasplantado de un club a otro, continúa latiendo.
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