Julián Pardinas Sanz
El caviar no es el problema
CAMPO DO DESAFÍO
De la pasada comparecencia de Pedro Sánchez en el Congreso para dar cuenta de la crisis de Ceuta, se ha señalado la soledad de la parte socialista del Gobierno. Los socios y los apoyos más o menos habituales buscaron resaltar las diferencias. Utilizaron la crítica frontal a Marruecos, herencia del tradicional apoyo a la autodeterminación saharaui, y la supuesta deshumanización del Gobierno español en la acogida del alud de esperanzas descargado sobre Ceuta. La cuestión política de fondo, la reclamación marroquí de la soberanía sobre Ceuta y Melilla, importa bien poco a Sumar y Podemos, al PNV y Bildu, a ERC y a Junts. Por ese lado, el PSOE está tan desnudo como el PP fascinado con Vox y su triunfante estrategia política y antiinmigración ceñidas al dictado de Washington y Tel Aviv.
En consecuencia, y asumido por el Gobierno el mes de agosto perdido, convendría no añadir ahora el de septiembre por las persistentes reservas de las autoridades locales (PP) sobre dónde ubicar los espacios de acogida. En la crisis del hantavirus y el fondeo del crucero neerlandés en Canarias, durante la pasada primavera, el presidente isleño, Fernando Clavijo, elevó su figura a la categoría de infamia. Pudiera ocurrir que el hasta ahora razonable, institucional y prudente Juan Jesús Vivas se ofrezca también a la pira del desprestigio por un calculado regateo sobre dónde instalar a los migrantes mientras se tramita y decide su devolución, o no, a Marruecos. En el PP, desde los tiempos de Aznar y Trillo en el islote Perejil, late un orgullo macho y militar que las vueltas de la historia han reverdecido. ¿Cabe pensar que Feijóo, Semper, Bendodo o Moreno Bonilla sean también sugestionados por el efecto “al alba y con tiempo duro de Levante”?
Estados Unidos e Israel, era sabido, aprovecharían su alianza estratégica con Marruecos para endosarnos algunas facturas
Estados Unidos e Israel, era sabido, aprovecharían su alianza estratégica con Marruecos para endosarnos algunas facturas por la resistencia sanchista a aceptar el nuevo y lacerante statu quo político. Pero reconozcamos que la actitud en casos crítica y siempre distante de la Unión Europea ha sorprendido, descolocado y clavado un rejón de fuego. El Gobierno de España, el presente y sobre todo el futuro, tienen aquí una tarea pendiente que encontrará previsiblemente escenarios políticos nuevos que la democracia española, por fortuna, no ha enfrentado en medio siglo de vida. La pregunta se dirige de nuevo hacia el PP: ¿bastará el cierre de fronteras a la inmigración para aplacar, vía EEUU e Israel, la reivindicación territorial marroquí?
Feijóo no aceptará transacción alguna hasta ver pasar ante su puerta el cadáver político de Sánchez y, por ello, la acción del Estado respecto de Marruecos, y también sobre la inmigración, deberán esperar a saber, como se preguntaba Remedios Amaya, “quién maneja mi barca”.
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