Carlos Risco
LA CIUDAD QUE TODAVÍA ESTÁ
El banquito de piedra que aún queda en el jardín
El ejercicio del poder siempre se ha entendido, en el Estado de Derecho, desde una función de servicio y de contribución al bienestar de la colectividad. Entre otras razones, porque la justicia, la honestidad, la imparcialidad y otra serie de cualidades o criterios de comportamiento forman parte del núcleo del comportamiento ético o moral.
La sociedad actual, aunque parece impotente y sin recursos éticos, debe volver a colocar al ser humano, a la persona, sobre todo a la más necesitada, frágil y vulnerable, en el centro del sistema.
Sin embargo, los rasgos que conforman la sociedad actual no facilitan precisamente la realización cotidiana de estas características de la conducta de los seres humanos. Más bien, lo comprobamos a diario, nos encontramos ante una cultura que exalta el poder, el dinero, el placer o la notoriedad a cualquier precio como exigencias para la propia realización personal. Lo importante es alcanzar estos objetivos como sea, a como dé lugar, sin reparar en la moralidad de los medios para conseguirlos porque, tal y como plantean las más variadas tecnoestructuras, de una manera o de otra, el fin justifica los medios. En este contexto aparecen, cada vez con más frecuencia, situaciones de abuso de poder, tráfico de influencias, prevaricaciones, malversaciones, cohechos y toda una serie de tropelías y comportamientos caracterizados por la confusión entre el interés particular y el interés general
La sociedad actual, aunque parece impotente y sin recursos éticos, debe volver a colocar al ser humano, a la persona, sobre todo a la más necesitada, frágil y vulnerable, en el centro del sistema. La sensibilidad frente a los derechos humanos y la búsqueda de la justicia, de nuevo, se convierten en los puntos de referencia del verdadero progreso social. Hoy, por cierto, postergando frente a la sed, insaciable, de enriquecimiento y afán de poder para dominar, amedrentar y someter a quienes no se arrodillen ante el pensamiento único que se proyecta desde la cúpula.
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