¿Crisis?, qué ¿crisis?

Publicado: 11 jul 2021 - 01:22

Fiel a sus principios y a su particular código de conducta, Pedro Sánchez ha renovado a casi todos sus ministros una semana después de negar cualquier posibilidad de afrontar una renovación. Conociendo la costumbre adquirida por el presidente de mentir cada vez que abre la boca, este desmoche al que ha sometido a su equipo ministerial, no deja de responder a una forma de ejercer el poder probablemente, la peor que existe. Pero por el hecho de ser la más despreciable no deja de existir, y prueba de que existe es que Sánchez la ha elegido. Y lo ha hecho libre y democráticamente.

Desgraciadamente para él y para el país, el presidente no ha podido ejercer su autoridad nada más que en el círculo de ministros que le corresponde porque los que dependen de sus socios no se tocan. Urgido por la debacle que le pronostican las encuestas -salvo las que le cocina a la carta Félix Tezanos desde el CIS en el que todavía permanece aunque quizá le queden horas porque el titular del ministerio de Presidencia, Relaciones con las Cortes y Memoria Democrática al que pertenece ha cambiado de dueño-, el presidente se ha llevado por delante a casi todos los suyos incluyendo en la degollina a varios pesos pesados. Se van Calvo, Ábalos Celaá, Campo, Duque, González Laya y Uribes, y aguantan el tirón Marlaska, Ribera, Robles, Planas, Maroto, Montero –que pierde la condición de portavoz- y, sobre todo, Nadia Calviño que se convierte en vicepresidenta primera y segunda de a bordo. Las bajas no solo se reducen al equipo ministerial porque Sánchez ha cesado a su asesor áulico. La caída de Iván Redondo puede responder a una necesidad personal de refrescar el discurso y apartarse de la línea de mercadotecnia impuesta por el hasta ayer todopoderoso responsable máximo del mensaje ideológico, pero a lo mejor no es ajeno a esta sorprendente decapitación el repaso que el equipo de Díaz Ayuso le dio a la corte de Moncloa en las últimas elecciones autonómicas. Redondo es un profesional de esto y por tanto, está libre de cargas para fichar por otro equipo. Salvo que las condiciones de su contrato incluyan una cláusula de incompatibilidad específica, Redondo puede fichar incluso por el equipo contrario, en el que ya jugó por cierto, hace unos años. Crisis?, what crisis?, que dijo Supertramp.

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