Evelio Traba
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CLAVE GALICIA
La tierra que ayer valió y por la que hoy no se paga casi nada se apreciará otra vez mañana. Pero pueden pasar varias generaciones. Cansado de preocuparse sin poner remedio por la maleza que crece en una finca que le han dejado sus padres en el pueblo, un cliente del abrevadero contó para el folio que está a una llamada de venderla. Ha aparecido un interesado y le pide precio. Hizo la cuenta por una oferta que habían rechazado sus padres una treintena de años antes. “Podíamos comprar un piso en A Coruña, con trastero y plaza de garaje”, decían. No vendieron porque creían que salían perdiendo.
le contó que una cadena de supermercados había ofrecido a un vecino 600.000 euros por una parcela urbana con terreno suficiente para hacer un buen aparcamiento
Como él no tiene más urgencia que sentirse culpable del abandono y la mala hierba desde que dejó la tierra el último vecino que la quiso trabajar, decidió darse un garbeo por los orígenes para sondear el mercado. Antes de concretar cantidad el interesado ya le había advertido del ajuste durante la llamada. La historia del piso en A Coruña era así, pero en la comarca de Bergantiños, como en la mayor parte de Galicia, sobra tierra en venta a la orilla de la carretera o falta gente para trabajarla. Su parcela, la mayor parte rústica, linda con la del interesado, pero la siguiente está en venta. Fue una manera delicada de poner cancela a la estimación de otros tiempos sin cerrar la puerta al trato.
Uno de los colegas con los que trasteaba en la niñez le contó que una cadena de supermercados había ofrecido a un vecino 600.000 euros por una parcela urbana con terreno suficiente para hacer un buen aparcamiento, servicio clave para que el negocio funcione en una población dispersa. “Si dan eso, vale mucho más”, concluyó el hombre. Los comerciales de las grandes cadenas llegan con el presupuesto cerrado y varias fincas reunían condiciones parecidas en la misma recta. “Si la quiere vender ahora, no le dan ni 115.000 euros y siempre que aparezca un interesado”, comentó el amigo al que pedía consejo. “Si vas a tener la finca parada y otro la quiere poner a funcionar, piensa que puedes contribuir a dinamizar el pueblo en vez de frenarlo, porque no creo que tus hijos la vean al precio por el que la compraron tus padres”. La reflexión decantó la venta. “Ya sé que no me dará para un piso”, se resignó. “Ni para un garaje, un coche puede”. Tierra.
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