Fernando Lusson
VÍA DE SERVICIO
Puigdemont, el soñador
LA PUNTILLA
La época en la que los derechos conquistados se consideraban ya inalienables está en la cuerda floja. Lo de Ayuso y el cuestionamiento del voto por correo es una zapatilla rusa con respecto a lo que propone Erika Klark, la viuda del líder de la ultraderecha de EEUU, Charlie Klark, asesinado en un atentado que propone que se instaure el voto por hogar, lo que supondría que votara el cabeza de familia y la mujer perdería su derecho al voto justificándolo en que “si la familia constituye una sola unidad económica y moral, también debería expresarse políticamente mediante un único voto”. El movimiento de las “tradwifes”, las esposas tradicionales estadounidenses, está encantado con esta propuesta que parece radical pero que obedece a un plan que pretenden que cale en la sociedad. La ultraderecha introduce en el debate público ideas que en un principio parecen absurdas pero que, pico y pala, comienzan a ser normalizadas. Hasta que Ayuso o Abascal no las pongan en circulación aquí estemos tranquilos.
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