Dalí

CAMPO DO DESAFÍO

Publicado: 24 oct 2026 - 03:10
Opinión en La Región
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Dalí no pierde vigencia; bien al contrario, disfruta de una renovada atención. Su obra y posición ante el arte y la vida, inseparables en su caso, son ahora interpretadas como fenómenos expresivos del presente. Una exposición en el Museo Thyssen de Madrid, El universo freudiano de Dalí, abona esta revisión. No siempre ha disfrutado Salvador Dalí del aprecio del público. Varias generaciones, señaladamente en la segunda mitad del pasado siglo, veían al artista de Figueres como un pintor clasicista, versión barroca italianizante, que servía tanto al capitalismo más descarnado como al franquismo más alcanforado. Era el Dalí que había sucumbido al espectáculo del que muy pronto se beneficiarían, con menor ingenio, alguien como Andy Warhol y tantas otras referencias del mercado del arte contemporáneo.

Pero Salvador Dalí era ya, mucho antes de su apabullante dolarización en el mercado americano y mundial, una referencia inexcusable del arte anterior a la Segunda Guerra Mundial. Un auténtico protagonista del surrealismo, para desesperación del propio Breton, que acabaría expulsándolo de dicho movimiento, y cuyos rasgos de identidad vital y artística más señalados serían, a juicio de Josep Pla, la maestría con el dibujo, el conocimiento del paisaje del Ampurdán, la lectura diagonal de Freud y la sedativa compañía de su esposa Gala.

Se ha dicho que el aprecio actual por la obra de Dalí supera al de Picasso o Miró, las otras dos grandes referencias españolas del arte de la primera mitad del pasado siglo.

El ensayo que Pla le dedica, en uno de sus brillantes Homenots, se ocupa casi más de la personalidad del padre, el apoplético notario de Figueres, Salvador Dalí i Cusí, que del propio hijo. “Salvador es un subnormal” es alguna de las confidencias que el respetado y temido jurisconsulto hacía de su problemático vástago, “un leopardo famélico” en observación del escritor. Pese al celo paterno por dirigir los pasos del hijo hacia una carrera de seguridad y honorabilidad plausibles, los resultados se encaminaron más bien hacia lo imprevisible y aleatorio. Dalí estaba volcado en la experimentación, el trabajo infatigable con la pintura, el deslumbramiento surrealista, Freud, la sexualidad problemática y, más adelante, Einstein y la ciencia o la religión.

Se ha dicho que el aprecio actual por la obra de Dalí supera al de Picasso o Miró, las otras dos grandes referencias españolas del arte de la primera mitad del pasado siglo. En Dalí flamean una interpretación muy actual de la propia representación, la autorreferencia, el papel de los medios de comunicación, así como una imaginación fértil y divertidísima. Las grandes obras de Dalí portan títulos de gran estilo literario y un despliegue abigarrado de sueños representados por objetos, personajes, símbolos y composiciones que nunca olvidan los nítidos paisajes geológicos de Port Lligat y Cadaqués. Un recalcitrante localista de disposición cosmopolita. Josep Pla, en 1958, definió la trayectoria artística de Dalí como el paso “de la vanguardia revolucionaria a la vanguardia reaccionaria”. Tampoco se equivocaba.

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