Arturo Maneiro
PUNTADAS CON HILO
Es el momento de la gestión
Hace unos cuantos veranos, cuando quien esto escribe sufría la enfermedad de la adolescencia, paseaba por delante del pabellón de Os Remedios en una de aquellas terroríficas tardes ourensanas.
Para quienes hoy protestan por el calor y el cambio climático, aquel día se superaban los 35 grados, la pistas exteriores eran puro fuego y el ambiente era irrespirable, por diversos incendios que acorralaban a la ciudad.
En la pista de baloncesto se encontraban dos amigos de la calle -¡qué habrá sido de ellos!- jugando, tan tranquilos. Eran dos guineanos. De piel negra como el carbón. Corriendo, saltando, lanzando a canasta.
Yo, mucha cordura no poseía. La suficiente para preguntarles si no estaban locos por jugar en semejante horno. "¿Calor? Esto es agradable. Calor hace en Guinea. Alli pasamos fácilmente los 45 grados", me respondieron con una sonrisa. (Siempre con una sonrisa. Gente magnífica).
Por si fuesen pocos los problemas en Tokio, se añadieron los elementos para darle pimienta. El temido tifón -menos poderoso de lo esperado- y el calor extenuante, agravado por la habitual humedad de la zona.
Varios tenistas cayeron como moscas. "Puedo terminar el partido, también puedo morir", protestaba al juez el ruso Daniil Medvedev. Difícil entender cómo partidos de este nivel se disputan a unas horas en las que sólo disfrutarían mis amigos guineanos.
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