La decepción de Trump

Publicado: 22 mar 2026 - 03:40
Trump tiene que analizar cuáles son las causas de su soledad.
Trump tiene que analizar cuáles son las causas de su soledad. | José Paz

A Donald Trump no le están yendo bien las cosas, ni el frente interno ni en el internacional a consecuencia de su aventura bélica en Irán. En el frente interno, la dimisión de Joe Kent, asesor principal en cuestiones de terrorismo, por considerar la guerra innecesaria y una traición a los principios de no intervención defendidos en su programa electoral, es una muestra evidente de la impopularidad de esta intervención, incluso entre los suyos. Kent era un trumpista y un activista del MAGA desde el primer momento, una persona muy bien conectada internamente con los sectores más derechistas del movimiento. Tampoco es el único entre los apoyos de Trump que manifiesta su disconformidad, véase por ejemplo las opiniones muy decepcionadas con la deriva del presidente del periodista Tucker Carlson, uno de sus principales valedores en la elección, y sin olvidar que el asesinado Charlie Kirk ya había manifestado su oposición a este tipo de intervenciones violentas en el exterior. No son deserciones que vengan precisamente de la derecha moderada o de la izquierda sino de su mismo núcleo duro. Políticamente está quedando sin sus apoyos más leales, los que no lo abandonaron en los momentos duros, y lo hacen precisamente por cuestiones idelógicas, no pragmáticas, quedando Trump como un político neocón más, debilitando las posiciones de sus candidatos para las elecciones de noviembre de este año. Esta guerra ha desatado también tensiones en el ámbito económico, pues de empantanarse puede afectar severamente a los mercados de deuda, afectando negativamente al ya deteriorado desempeño de la economía americana, a la que le falta poco para entrar en recesión.

Pero en el ámbito exterior los problemas de Trump son, si cabe, aún peores. Esta semana se le pudo ver muy decepcionado con el fracaso de sus gestiones para intentar lograr algún apoyo en su intento de reabrir militarmente el estrecho de Ormuz. Ninguno de sus aliados, con alguna capacidad militar operativa, lo siguió. Ni siquiera la muy trumpista Sanae Takaichi, primera ministra del Japón, se decidió a prestarle apoyo.

Esta guerra ha desatado también tensiones en el ámbito económico, pues de empantanarse puede afectar severamente a los mercados de deuda, afectando negativamente al ya deteriorado desempeño de la economía americana, a la que le falta poco para entrar en recesión.

La decepción de Trump no es tanto porque el aporte bélico de sus aliados pudiese mejorar algo la situación, sino porque ninguno de ellos lo ha querido respaldar, ni siquiera los más próximos. Tiene razón en sentirse traicionado, pero también tendría que analizar cuáles son las causas de su soledad en el ámbito internacional. En primer lugar no haber consultado a sus socios sobre la oportunidad de la guerra es un error de principiante, pues no puede pretender que le sigan quienes se informaron prácticamente por la prensa del inicio de las hostilidades. Si se ignora a los socios estos lo ignorarán a uno. Tampoco se puede decir que la actitud de Trump hacia sus socios más próximos ha sido precisamente amistosa en los últimos tiempos. Comenzó su mandato con una agresiva política de aranceles, de la que no exceptuó ni siquiera a sus aliados, luego amenazó con quitarle Groenlandia a un socio en la OTAN, y despreció a Canadá, uno de sus socios más fieles, al tratarla como una provincia. Redujo su apoyo a Ucrania, y negoció con Putin, quien a pesar de eso le dio largas y no consiguió nada de él. Con estos antecedentes no podía pretender que el apoyo fuese entusiasta, y más para una guerra perdida de antemano, en la que los gobiernos aliados no sólo no ganarían nada sino que podría traerles costes políticos en el ámbito interno, pues de hacerlo inmediatamente serían responsables de los daños económicos que está causando a todo el mundo. Y estos pueden ser muchos. La decepción de Trump es grande, pero también lo es la decepción de sus socios y aliados con su política.

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