Deletrear a Xesús Alonso Montero

CLAVE GALICIA

Publicado: 13 feb 2026 - 06:40
Xabier R. Blanco
Xabier R. Blanco | La Región

El 12 de octubre Xesús Alonso Montero pronunció un responso laico delante del féretro del biólogo Miguel Anxo Murado García (Lugo, 1945) en el tanatorio de Pereiró en Vigo. Por derecho de antigüedad, “97 anos aínda que non son tantos”, se ocupó de improvisar una apología que abrió “o ceo de Breogán”, un lugar no muy lejos de San Paio en el que situó al alumno que había dado clase de Literatura en el instituto de Lugo y al que ahora llamaba “maestro”. Con Anxo Guerreiro, Geluco, a su lado, recitando versos de Breixo de Rábade, personaje central de un libro de Murado. Le sonó bien hasta al cura que lucía dos pendientes a lo Cristiano, Ronaldo. Las notas sobre el elogio fúnebre del tirón y sin apuntes completaron ocho caras de la libreta en letra pequeña. Y no se extendió porque hay horario y cola para enterrarse, pero podría seguir hasta los cien años sin equivocarse.

“Ayer hizo cuatro meses exactos desde que la palmó mi papaíño. El alumno y el maestro tuvieron su sincronicidad”, escribe Alberte, hijo menor de Murado, en un mensaje con la noticia del fallecimiento. Parecía un serio candidato a reportaje por los cien palos, más que a un obituario de urgencia. Nacido en Vigo e hijo adoptivo de Ribadavia al criarse en Ventosela, Alonso Montero sementó letras como profesor y catedrático de Literatura galega, fue pionero en la sociolingüística aplicada al gallego, ensayista y poeta. Marcó a generaciones con su galeguismo de izquierdas, sin agradar a una parte del nacionalismo.

Hace unos cuantos años, durante su etapa como presidente de la Real Academia Galega entre 2013 y 2017, disculpó el plantón una mañana de viernes en A Coruña para hacer la entrevista que tenía que salir publicada el domingo. Se ofreció a contestar por teléfono el sábado al mediodía después de posar para el fotógrafo en la cafetería de Vigo en la que paraba. Con las fotos hechas atendió la llamada y tras repetirle la primera pregunta pidió que se la deletrease pues andaba justo de oído. En la libreta había otras 23, algunas largas, otras con retranca. No le molestó fijar otro día y la conversación salió publicada el domingo de la siguiente semana. Y fue un acierto porque a Xesús Alonso Montero daba gusto escucharlo incluso cuando solo miraba.

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