El deplorable escenario que tenemos delante

CRÓNICA PERSONAL

Publicado: 27 jun 2026 - 06:10
Opinión en La Región
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Venezuela, país hermano, con tantísima vinculación histórica, cultural y humana; país que acogió a docenas de miles de exiliados políticos y de emigrantes españoles que habían perdido la esperanza de futuro -nosotros no recibimos con la misma generosidad a los que llegaron de allí muchos años después-, atraviesa momentos amargos.

La ayuda española no les va a faltar, somos solidarios con las víctimas de las catástrofes, y millones de ojos españoles están clavados en imágenes turbadoras, que hieren, que duelen en el alma. España está con Venezuela, con su tragedia, pero estamos atentos sobre todo a un debate político que provoca grandísima perturbación, porque jamás se ha producido en España una situación como la que estamos viviendo.

Un Gobierno desacreditado por corrupción superlativa pretende dar lecciones de ética y estética, y en la estética comete fallos que escandalizan, como los que protagoniza un presidente de Gobierno alardeando de chulería y gestos despectivos a quienes no piensan como él. Y, más grave todavía, es jaleado por supuestos socialistas, supuestos progresistas, supuestos defensores de los ciudadanos más desfavorecidos, cuando los hechos demuestran que pasan olímpicamente de los principios del socialista real, del progresismo y de los comportamientos éticos de los demócratas. Nos insultan con actitudes bochornosas ante un revés electoral que cualquier político decente, con principios, habría asumido con humildad, una mínima reflexión y propósito de corregir los errores que se hubieran cometido, para así no desacreditar aún más la deteriorada imagen de España, en la que tanto empeño han puesto para dejarla bajo las patas de los caballos.

Es imposible mirar hacia otro lado, y eso que el drama venezolano está ahí y duele como si fuera propio. Imposible porque lo que ocurre en el escenario político augura un futuro difícil para todos. Sánchez se limita a desgranar cifras económicas para intentar demostrar que es un buen gobernante, pero ya no engaña a nadie, ni siquiera a quienes tanto le apoyan. No por convicción, sino por los muchos privilegios que reciben a cambio.

Todo lo que toca Sánchez queda automáticamente devaluado, sucio. Que no haya habido un solo diputado que se negara a jalear al jefe de Gobierno cuando se carcajeó de una moción perdida, alardeando de lo poco que le importa el Parlamento, es significativo. ¿A qué parlamentario defensor de Sánchez podremos respetar cuando antepone el servilismo al jefe, al boss, al one, antes que al respeto debido al Parlamento y sus resoluciones?

Hagamos votos para que esta pesadilla acabe cuanto antes. Que pronto podamos perder de vista, a través de las urnas, a este Gobierno en el que no hay una sola figura capaz de un gesto de respeto a su país y a sus instituciones. La principal, el Parlamento. Tratan al Senado como si no existiera porque el PP tiene mayoría absoluta. Y se toman su trabajo en el Congreso, como si la Cámara Baja fuera un patio de recreo de niños díscolos, incompetentes y mal educados.

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