Pilar Cernuda
CRÓNICA PERSONAL
Sánchez pierde el color verde
CRÓNICA PERSONAL
Sánchez pierde credibilidad a pasos agigantados por su exceso de mentiras, promesas incumplidas, y aplazamientos infinitos con los que trata de ocultar la imposibilidad de cumplir sus compromisos.
Este verano ha dado una vuelta a tuerca en su política interna al dar visto bueno a prolongar la actividad de la mayoría de las centrales técnicamente útiles para seguir abierta durante unos años.
De momento, no ha considerado oportuno, ni necesario, dar ningún tipo de explicación. Está de vacaciones, es tiempo de descanso. Una actitud incomprensible en un jefe de Gobierno cuyo país sufre crisis de gravedad extrema, entre ellos incendios devastadores y la invasión de Ceuta bajo la mirada aprobadora de Marruecos. Un Marruecos que una semana más tarde diseñó la más grande operación de bloqueo para impedir el segundo intento, prueba irrefutable de que pudo haber impedido la invasión inicial.
Es evidente que el cambio de Sánchez respecto a la vida útil de las centrales españolas no se debe a una profunda reflexión sobre la energía nuclear y la necesidad de contar con ella ante el complicado futuro que tenemos por delante. Para nada. El presidente español solo reacciona cuando ve avances en la oposición, y su propio partido se revuelve ante decisiones que ponen en peligro la continuidad en las instituciones de las que forman parte. En pocos meses hay elecciones autonómicas y municipales y hasta Moncloa llegan las protestas de dirigentes que se ven fuera de sus despachos porque Sánchez se ha convertido en una trituradora de votos del PSOE. Él mismo, que se ve en la oposición pero desde allí preparará su nuevo asalto a La Moncloa, ha empezado a sospechar que esa vuelta se pone muy cuesta arriba porque los socialistas que se han quedado sin poder serán los primeros en oponerse a que Sánchez vuelva a ser candidato a la presidencia de Gobierno.
Sorprende el silencio de los socios que formaban parte de Sumar, porque dieron prioridad al fin de las centrales nucleares en el acuerdo de gobierno, y lo ha borrado Sánchez de un plumazo sin comunicarlo siquiera a los ministros de Sumar. Aunque, bien visto, no debería sorprender: Yolanda Díaz solo quiere pelear por la OIT, y sus cuatro compañeros en el Consejo ni se inmutan, que les quiten lo “bailao” pero no los meses de ministros que le quedan por delante. Díaz, por otra parte, tiene largo currículum de traición a partidos y políticos a los que debe su carrera.
¿Y Pedro Sánchez? Le sobra soberbia y le faltan principios. Ha aniquilado el color verde de su biografía, ha prescindido de la ecología sin un pestañeo, él que tanto ha criticado a Feijóo de falta de sensibilidad hacia todo lo relacionado con el medio ambiente.
Entre baño y baño, incursiones de buceo y charlas de sobremesa, seguro que ha encontrado un minuto para telefonear a su gabinete para que le preparen una explicación que justifique el cambio de postura. Es inútil. Por brillante que sea el equipo de Diego Rubio no hay quien pueda recomponer la patética figura del presidente español.
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