Isaac Pedrouzo
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El declive de una era
PUNTADAS con hilo
Cuando todas las instituciones del Estado quedan afectadas por la corrupción del Gobierno se entra en estado de descomposición. No es que el Estado deje de funcionar o se desmorone, pero queda muy dañado y frustra las aspiraciones de los ciudadanos.
Las páginas de los periódicos, las emisiones de radio, los informativos de televisión no paran de ofrecer informaciones en las que los jueces, con la guardia civil por medio de la UCO y la UDEF, investigan, señalan e imputan a miembros del Gobierno, cargos del PSOE y familiares de Pedro Sánchez. Investigan cloacas, organizaciones delictivas, promovidas desde la Moncloa y el PSOE, para interferir en las actuaciones policiales y judiciales.
Al mismo tiempo, el presidente Sánchez, sus ministros y dirigentes socialistas promueven, fabrican y propalan un flujo constante de descalificaciones, acusaciones e insultos a los jueces, a la Guardia Civil y a toda institución o medio que se atreva a investigar las innumerables causas, conspiraciones y fechorías de su entorno. Los medios de comunicación del Estado, y los privados afines, tienen como principal objetivo descalificar cualquier acusación, mintiendo y quedando en ridículo, perdiendo la credibilidad y el prestigio. Para ellos, lo importante es defender al presidente y a su entorno.
Como consecuencia, todas las instituciones del Estado quedan afectadas por el mal olor de las cloacas, de la falta de Gobierno, de la falta de mayorías en las Cámaras que permitan legislar y la falta de respeto a la Constitución, al no cumplir su mandato de presentar los presupuestos anuales. Pero en este panorama, no menos afectados quedan los partidos políticos del frente sanchista, aunque se tapen la nariz porque los malos olores vienen de sus propias carnes.
Las organizaciones políticas forman parte de la estructura del Estado y, si se corrompen, su descomposición afecta a toda la sociedad. El artículo 6 de la Constitución establece que “Los partidos políticos expresan el pluralismo político, concurren a la formación y manifestación de la voluntad popular y son instrumento fundamental para la participación política”. Una participación que se realiza principalmente por medio de los escaños de las Cortes Generales conseguidos en las urnas.
Por eso, no sólo es malo que la corrupción promovida por el sanchismo afecte a las principales instituciones administrativa del Estado, sino que el problema se agrava si los partidos, como instrumentos fundamentales de participación política, no impiden la descomposición de las instituciones del Estado, como es el caso actual en España.
Si los grupos parlamentarios no muestran rechazo eficaz ante los casos de corrupción que se descubren cada día, cada hora, en el seno del PSOE y del Gobierno, es que se consideran satisfechos con tales actuaciones. Si comprueban que estas conductas socaban los cimientos de las instituciones democráticas españolas y no hacen nada, es que no les interesan tales instituciones.
No luchan contra la corrupción cuando la ejercen sus propios aliados. Solo interesa usarla como arma contra los adversarios. Si el oponente es corrupto, a por él con toda la artillería. Si el amigo es corrupto miran para otro lado y tapan la nariz, porque también se benefician del botín. Con esta actuación participan activamente en el deterioro institucional del Estado. Y algunos están encantados.
En nuevo intento de desviar la atención sobre sus problemas, el presidente del Gobierno anunció solemnemente que va a preparar los presupuestos del Estado para 2027. Para reafirmar el compromiso, aseguró que ya había dado la orden de publicar, este viernes, en el BOE los criterios. Y a partir de ahí comenzarían a trabajar inmediatamente. Lo ha dicho como si fuera un acto meritorio por el que espera ser reconocido y premiado. Sin embargo, el propio anuncio oficial lleva implícita otra noticia no menos importante: que no elaborará ni presentará los presupuestos para el ejercicio actual de 2026. Y ello a pesar de que ya se había publicado “orden HAC/974/2025, de 1 de septiembre, por la que se dictan las normas para la elaboración de los Presupuestos Generales del Estado para 2026”.
Lo cual quiere decir que la orden en el BOE no compromete a nada y no significa nada. Quizá para eso nombró a un nuevo ministro en sustitución de María Jesús Montero, porque ella había asegurado a finales de 2025 que ya tenía elaborados los Presupuestos de 2026 y que los estaba negociando con los grupos parlamentarios. Al finalizar el primer trimestre de 2026 volvió a afirmar que no estaban todavía, pero que llegarían a la Cámara a lo largo del año. Ahora, Pedro Sánchez acaba de confirmar que nada de lo que dijo María Jesús Montero era cierto y que no habrá proyecto de presupuestos de 2026.
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