Xabier R. Blanco
CLAVE GALICIA
La "métrica" de los impuestos
CAMPO DO DESAFÍO
En Arco, la gran feria del arte celebrada la pasada semana en Madrid, y unas jornadas antes y algunas más poco después, se concentran los grandes números de nuestro mercado artístico. Del modo más natural, hemos concedido en hablar del arte en términos económicos y cuantitativos: una realidad que acompaña a los artistas, a los galeristas, a los coleccionistas y a los organizadores de los eventos. Es obsceno hablar de las obras y sus autores bajo el único criterio de cómo les vaya en la feria. Esta, tan pragmática, persiste en el cotejo de los itinerarios: formación, becas o premios obtenidos por el artista; exposiciones, inclusión en determinadas colecciones; edad, proyección y, cómo no, valoraciones en las subastas recientes. No hay concesiones en la diligencia debida.
El filósofo Manuel Cruz, apelando a los orígenes, aconseja que “la instancia a la que deberíamos prestar menos atención es la del autor”. Una perspectiva quizá deseable en la búsqueda de la autonomía de la obra de arte, pero a la que no acabo de adherirme. Mi experiencia, en el disfrute de las artes plásticas, literatura, poesía, la filosofía o el cine, mejora cuando logra integrar las circunstancias del autor y su obra.
En “Maestros antiguos”, el relato de Thomas Bernhard, encontramos algunas de estas ideas en Reger, el crítico de arte del Times
En similar enfoque al de Cruz se ha expresado el historiador del Arte y anticuario catalán Artur Ramon: “La mirada ingenua produce la fruición estética que el conocimiento mata”. Ingenuidad enfrentada a conocimiento. ¿Es posible ser ingenuo ante Velázquez o Goya, ante Rothko o Bacon? ¿Es deseable serlo? El arte moderno parece alcanzar, dicen, su mejor expresión cuando quien se acerca a él lo hace desde el barbecho o el juego. La deshumanización del arte deviene en limpiar nuestra mirada de la información recibida. Una mirada virgen, de disfrute instantáneo y no mediatizado por el conocimiento.
En “Maestros antiguos”, el relato de Thomas Bernhard, encontramos algunas de estas ideas en Reger, el crítico de arte del Times: “Solo cuando tenemos la suerte de convertir en fragmento algo entero, algo acabado, obtenemos un gran placer”. El formato de los tiempos es lo fragmentario e instantáneo; el aforismo antes que el comentario, la recensión antes que el libro, una imagen o un “reel”. Queda una reminiscencia de confianza en lo visual; ya no en la palabra. Por eso, la entrada al museo se vive como experiencia de masas y ladrona de imágenes. Ese contexto no precisa texto.
Y a pesar de ello, nos lo dice el mismo Reger/Bernhard, “el hambre cultural de la Humanidad civilizada es inmensa”. El resplandor de su antiguo prestigio y el acceso al misterio de la experiencia estética son capaces de atraer visitantes a los museos, espectadores para las películas y lectores a los libros. Hay que estar en las grandes ferias.
Contenido patrocinado
También te puede interesar
Xabier R. Blanco
CLAVE GALICIA
La "métrica" de los impuestos
Xosé González Martínez
Policía, gardas civís e outros axentes da autoridade
Pilar Cernuda
LAS CLAVES
¿Estamos preparados?
Luis Carlos de la Peña
CAMPO DO DESAFÍO
Después de Arco
Lo último
CAOS DE CIRCULACIÓN
La disponibilidad de abonos en párquines de pago escasea en Ourense
ACCIDENTE EN UNA FINCA
El Sergas deberá pagar 51.000 euros a un paciente de O Barco que sufrió la pérdida de un ojo