El destructor Simón-Sánchez

EL ÁLAMO

Publicado: 07 may 2026 - 04:10
El destructor Simón-Sánchez.
El destructor Simón-Sánchez.

Hay gente haciendo acopio de papel higiénico. Yo, por mi parte, he hecho un pedido industrial de Estrella Galicia. Tomé la decisión el martes, cuando salió Fernando Simón a decir que no había ningún peligro en España con el hantavirus. Luego añadió que se trata de un virus que no se contagia entre humanos sino en contacto con los fluidos de las ratas y, naturalmente, en menos de 24 horas salió el titular urgente: la cepa de hantavirus del crucero de Canarias es la más contagiosa entre humanos. ¿Alguien tenía alguna duda?

Pero para que el poder destructor de Simón sea completo, también se hace necesario un Sánchez, que actúe siempre de la manera más estúpida y peligrosa posible"

El combo destructor Sánchez-Simón siempre ha necesitado trabajar en pareja. Si no hubiera un Sánchez, no habría todavía un Simón al frente de epidemias y pandemias en España, después de haber causado aquí el mayor desastre de Occidente con su lamentable y suicida gestión del coronavirus. Pero para que el poder destructor de Simón sea completo, también se hace necesario un Sánchez, que actúe siempre de la manera más estúpida y peligrosa posible. Es decir, trayendo a España un barco holandés que está en Cabo Verde, y sobre el que no tenemos ninguna responsabilidad, excepto –si quieres- en lo que atañe a los 14 españoles que están a bordo.

Si se trata de una cuestión humanitaria, como dice el Gobierno con toda su jeta, se me ocurre que es un momento extraordinario para pedirle un poco de “cuestión humanitaria” a los países más próximos al crucero, es decir, Ghana, Costa de Marfil, Liberia, Sierra Leona, Guinea, Gambia, Senegal, Mauritania, y hasta Marruecos, que los españoles estamos ya hasta la corona de salvar a toda la humanidad, y de comprobar que los mencionados gobiernos solo llaman a Madrid para preguntar por sus fondos de ayuda al desarrollo que les enviamos mañana, tarde y noche a través de las opacas agencias públicas de cooperación internacional.

En todo caso, la decisión es suicida, como fue suicida el 8M, primero y el confinamiento, después, en la pandemia, como fue suicida la locura de la energía verde a todo gas en el apagón, como fue suicida la incomparecencia del Gobierno en la dana de Valencia, y como es suicida la actual regularización masiva de inmigrantes. Si bien quizá lo correcto no sea decir suicida, sino criminal, porque el suicida se daña a sí mismo, y en el caso de Sánchez, sus tonterías las sufrimos todos los demás.

Y quiere enviar a los infectados a Madrid. Brillantísima ocurrencia. Aunque tengo una mejor: ¿por qué no los paseamos en la avioneta por todo el perímetro nacional pidiéndoles que vayan escupiendo por la ventanilla durante el trayecto?

Al comienzo de esta pesadilla que es el sanchismo, pensaba a menudo que era simple incompetencia. Al fin y al cabo, cuando pones a gobernar a gente que está más pendiente de montarse buenas orgías que de atender los asuntos de su ministerio, lo menos que te puede pasar es un apagón, una pandemia más letal que en otras latitudes, o que los trenes te descarrilen de tres en tres. Pero ya no creo que sea incompetencia. He visto funcionar por dentro varios ministerios y, aunque tengas al frente al más burro de los ministros, es difícil que todo salga tan mal, porque a fin de cuentas hay detrás infinitos funcionarios que se encargan de que el país no se vaya a pique. Esto es más que incompetencia. Sánchez es un destructor proactivo. No es solo que su inacción provoque desastres, es que su acción los promueve con entusiasmo.

Y, después de todo, hay que preguntarse por qué. Ya sabemos que en ocasiones ha provocado el caos porque se mueve mejor en la excepcionalidad. Quizá su momento más feliz en la Moncloa fue durante la pandemia, y no solo por las fiestas, sino porque la emergencia le permitía actuar con manos libres, sin dar razones, envuelto en un estado de excepción. Y, sin embargo, no es suficiente para justificar tantos desastres. Hay algo más. Y cada día tengo más claro que es odio. Sí. Creo que Sánchez odia a los españoles, porque no le votamos lo bastante, y especialmente porque no le aclamamos por las calles. No hay otra explicación.

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