Luis Carlos de la Peña
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DEAMBULANDO
Chaves, la llamada eurociudad juntamente con Verín, es esa urbe vecina siempre bullente de vida, que te encuentras a poco de traspasar la invisible frontera por la autovía, o la aun visible de Feces y Vilaverde si transitas por la carretera nacional. Una gasolinera en Feces despacha sin cesar a nuestros vecinos allende la frontera que a más elevado precio sus carburantes tienen. Hoy la gasolinera como antaño el comercio hacían un lugar de boyantes tiendas, y del otro lado, era la fabricación y comercio de muebles la que diferenciaba. Todo eso, si no desaparecido, sí menguante, mientras nos internamos allende la frontera por donde el rio Támega se ensancha entre fincas de cultivo con sistemas de canales de irrigación.
Vidago fue la siguiente parada: estación balnearia, hotel palacio con varias restauraciones a lo largo de su más de centenario, hoy revertido en lujosa estancia para adinerados practicantes del golf"
Llegar a Chaves, antaño de afamadas ferias semanales, que aun repiten por la margen derecha del río, mientras un tren de vía estrecha llegaba humeante a Vila Real siguiendo el curso del Támega por una quincena de kilómetros, a partir de donde, por Vidago, se elevaba a Pedras Salgadas y salvaba serranos terrenos hasta la capital del distrito. Chaves, la Aquae Flaviae del imperio romano tiene un formidable puente, de la era Trajano o a su período atribuido, porque como se dice: todos los puentes son de Trajano y las termas de Caracalla; aguas con sus baños recuperadas en el centro urbano pero sin uso público, es esa otra de las huellas de aquella era como lo fue la Via Principalis, verdadera autovía, que unía Braga con Astorga, mientras la Via Nova nuestra era a modo de una carretera nacional. Chaves romana y Chaves medieval y moderna, con monumentos que aún persisten como la muralla, torre del homenaje, fuerte de San Francisco…
Por todo eso y la afabilidad de sus gentes, Chaves vale más que fugaz visita o paseo por su urbano perímetro o su extenso y umbroso parque en torno al río, que si eres de grande andar puedes prolongar por la vía verde donde discurría o caminho de ferro a Vidago-Pedras-Vila Real, entre viñedos y olivares por la margen izquierda del Támega, un río que tiene sus fuentes en las cercanías del Castro de Laza, en un recodo de la llamada pista del Marroquí, falda sur de San Mamede.
Vidago fue la siguiente parada: estación balnearia, hotel palacio con varias restauraciones a lo largo de su más de centenario, hoy revertido en lujosa estancia para adinerados practicantes del golf, pero que en los 80-90, difundió mucho mi hermano Parras cuando organizaba una semana de Golf, Tenis y ocio para centenares de participantes con música en vivo en las veladas. Fueron jornadas irrepetibles que parecían restaurar el viejo “dolce far niente” (aunque aquí muy aplicados al deporte) de los balnearios de principios del pasado siglo, como recobrando su esplendor… solo que sin agüistas, si acaso los que de modo anecdótico acudían. El campo de golf, las pistas de tenis, la piscina, el lago de barcas, el prodigioso bosque hacía de Vidago algo que hoy es exclusiva de un espacio cerrado solo para pudientes capaces de soportar el caché del Palace Hotel, una edificación cuasi versallesca de principios del siglo XX, con unas cuantas obras de reacondicionamiento.
Dejar Vidago para caminar esos más de 10 km. de su vía verde (por donde pasaba el viejo y desmontado ferrocarril) hasta Pedras Salgadas, donde tantos edificios de noble traza, tales como el Casino, el Balneario o la Casa de Té se han rehabilitado bajo la administración de la compañía Pedras, filial de Super Bock, la marca cervecera de Portugal, que, además, mantiene como concesionaria impecable el mantenimiento del frondoso parque municipal. Hasta poco ha la compañía que embotellaba el agua, como si de tres en una, bajo la denominación de Vidago-Melgaço-Pedras Salgadas, ha dejado reducida a Pedras solamente, mientras las aguas de Vidago, demolida su factoría, se ofrecen bajo el paraguas de las vecinas de Campillo. Una conexión, vía pedestre, puede hacerse desde Vidago por escasa decena de km. pasando por el ameno camino al lado del prolongado campo de golf, subiendo empinadas cuestas hasta conectar con la plana vía verde que te deja en la desaparecida estación ferroviaria de Pedras Salgadas.
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