Diego Opazo, paisajes nocturnos de piedra y tiempo

Publicado: 09 jun 2025 - 01:35
Dos obras de la muestra.
Dos obras de la muestra.

Es entrar a la sala rectangular, blanca y profunda, e iluminarse la mirada a vista de las flores del búcaro de entrada. Una sensación de sosiego, respirando el aroma de la tranquilidad. Antes, cual preámbulo, comienza la Galería de arte a hablar con su lenguaje, demostrando cómo nos hallamos en un reino distinto, tras dejar atrás el edificio universitario de acero corten cristal y hormigón, oscuro y con pocos alumnos ya, en el entorno.

Dos obras de la muestra.
Dos obras de la muestra.

A ambos lados, en los escaparates, un elenco plástico selecto de fondos de galería. Es así un ambiente buscado. En la pared del fondo del espacio expositivo, una abertura rectangular de paso nos hace valorar el concepto de trastienda. Es aquí, en el eje de entrada, donde suelen finalizar las muestras, pues la galerista coloca siempre alguna obra. Para ello hay que dejar en sentido estricto el espacio expositivo para acercarse a verla... y es entonces cuando, envuelta en otra luz, surge en el pequeño recinto la sorpresa, pues hay aquí obras de otros autores de muestras anteriores que acompañan en un cuidado orden a una obra de la exposición en exhibición. Es esta tripartita compartimentación una secuencia desde que Nuria de Marimón, con su madre Marisa, han dispuesto este mundo galerístico.

De luces sutiles va esta exposición que muestra los saberes técnicos fotográficos de Diego Opazo, ya un conocido pues visita esta sala por tercera vez. El artista quiere sorprendernos ya desde el título, en el que incluye dos antónimos, lejano y próximo, para tratar de expresar, quizás, territorios que fueron paisajes de interés en su biografía, significativos, en los que se sintió feliz, mundo lítico, de cumbres, espacios agrestes en los que las gentes de los valles apenas pisan, territorios de paso de excursionistas, o de pastores, trabajo este de atención contemplativa de animales de secano, que buscan en las hierbas y matojos que ralean entre las rocas su diario sustento. Mas, prefiero pensar en la primera opción, con sus botas y mochila, buscando la tranquilidad, y hallándola. Tiempo de hacer la paz en su corazón con el silencio de los altos. Solo, o con alguna persona.

Son escenarios de imaginación y ensueño, según sus palabras, que tratan de mostrar lejanía abisal (abismal, escribe) o espacial

Lejos de los mundos urbanos, de palabras y ruidos, de prisas y ajetreo, son ahora retratados con luz tenue, casi a oscuras. O incluso de día, y luego es ya su conocimiento técnico en el cuarto-oscuro del laboratorio. Desde el formato digital que utiliza, con cámaras Mamiya o Canon. En casa, ya con el Mac, y a continuación la impresión. Toda una elección. El fotógrafo busca así su expresión, ya para la realización de un encargo, o como aquí, su deseo. Desde el ensayo/error, como un pintor o escultor, es la lucha/juego con el material, y con ello desde sus estudios y aprendizaje hasta convertirse en un maestro, y experimentar en su taller, ya solo... Así consigue, en esta nueva serie, con la que se presenta de nuevo haciendo currículo. Son escenarios de imaginación y ensueño, según sus palabras, que tratan de mostrar lejanía abisal (abismal, escribe) o espacial. Es lo suyo la muestra de una búsqueda, un camino por el que transita. Opazo (Santiago, Chile, 1966) tiene una conocida trayectoria de fotógrafo de arquitectura, con premios en España en convocatorias de ABC y Purificación García.

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