Julián Pardinas Sanz
¿Diez millones? ¡Respete nuestra inteligencia!
Hay que reconocerle al alcalde de Ourense una virtud: imaginación no le falta. Desparpajo, tampoco. Ahora vuelve a sacar de la chistera electoral otros cien euros para cada ourensano con la excusa de incentivar el comercio local. Diez millones de euros de dinero público. Diez millones. Y, qué casualidad, la lluvia de billetes está prevista para la primavera de 2027, a pocos meses de las elecciones municipales. Si esto no es tener sentido de la oportunidad, que venga alguien y lo explique.
Porque resulta difícil entender semejante generosidad repentina cuando durante el resto del mandato no parece haber existido la misma urgencia. El comercio local necesita ayuda, naturalmente. Pero necesita políticas serias y permanentes, no cheques de cien euros convenientemente programados cuando empiezan a olerse las urnas. Necesita menos burocracia, mejores calles, más actividad, menos obstáculos, mejor transporte, más limpieza y una estrategia comercial que no dependa de la proximidad de unas elecciones. Lo demás se parece demasiado a la política del espectáculo: mucho ruido, mucho titular y diez millones de euros detrás.
Y, por supuesto, nadie está comprando votos. ¡Faltaría más! Se trata de incentivar el comercio local. Los cien euros son para eso. Que coincidan con la proximidad de las elecciones es, naturalmente, una mera casualidad. Una de esas casualidades maravillosas que ocurren cuando gobiernan los políticos que descubren, justo antes de acudir a las urnas, que el dinero público puede ser extraordinariamente útil para hacer felices a los ciudadanos.
¿Acaso se cree el alcalde el único listo de todos los ourensanos? ¿Nos toma por idiotas? ¿Piensa que nadie sabe sumar diez millones, cien euros por cabeza y elecciones municipales? ¿De verdad cree que el ciudadano va a recibir el dinero, mirar el calendario y pensar que todo esto es fruto de una impecable planificación económica a largo plazo? Vamos, hombre.
No necesitamos que nadie nos regale cien euros de nuestro propio dinero para descubrir que se acerca una campaña electoral.
Los ourensanos tenemos memoria. Y también criterio. No necesitamos que nadie nos regale cien euros de nuestro propio dinero para descubrir que se acerca una campaña electoral.
Pero hay algo más que conviene recordar. ¿Para esto abandonaron en su día el pleno los concejales del Partido Socialista? ¿Para facilitar que salieran adelante los presupuestos y que el alcalde pudiera disponer de esos fondos? ¿Para que después podamos contemplar cómo se utilizan diez millones de euros en una operación que vuelve a colocar el dinero público en el centro del escaparate justo antes de unas elecciones? Si aquella ausencia pretendía ser una forma de responsabilidad política, habría que preguntar ahora dónde está esa responsabilidad.
Porque los presupuestos municipales no son propiedad del alcalde. Ni de su partido. Ni de quienes, por acción u omisión, le permiten disponer de ellos. Son el dinero de todos. Del comerciante que paga impuestos. Del autónomo que trabaja doce horas. Del pensionista. Del funcionario. Del joven que busca empleo. De cada familia de Ourense. Y diez millones de euros no son una propina.
Lo que resulta irritante no es que se quiera ayudar al comercio. Lo que resulta irritante es que se pretenda hacernos pasar por política económica lo que, por las fechas elegidas, tiene todo el aspecto de una gigantesca operación de escaparate electoral. Una administración responsable no debería preguntarse cuánto rédito político puede obtener de diez millones de euros, sino cuál es la mejor manera de emplearlos durante todo el mandato.
Porque si esta medida es tan extraordinaria, tan necesaria y tan beneficiosa para Ourense, la pregunta es elemental: ¿por qué ahora? ¿Por qué no hace dos años? ¿Por qué no el año pasado? ¿Por qué precisamente cuando las elecciones empiezan a asomar por el horizonte? Quizá sea otra casualidad. Pero los ciudadanos tienen derecho a sospechar de las casualidades cuando cuestan diez millones de euros.
El dinero público no es del alcalde. No es una hucha electoral. No es una herramienta para fabricar gratitud a pocos meses de acudir a las urnas. Es dinero de los ourensanos y debe administrarse con rigor, no con calculadora electoral. No necesitamos que nadie nos compre con cien euros. Necesitamos que gobiernen bien. Y, sobre todo, necesitamos que respeten nuestra inteligencia.
Así que, señor alcalde, no nos venda como incentivo comercial lo que es una vergonzosa maniobra electoral. Los ourensanos sabemos perfectamente cuándo se acerca una elección. No necesitamos que nos lo recuerde con un billete de cien euros. ¿De verdad cree que no nos damos cuenta?
Ya basta, señor alcalde. Ya basta.
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