La diplomacia del fútbol

VÍA DE SERVICIO

Publicado: 29 jun 2026 - 03:51
Opinión de Fernando Lusson.
Opinión de Fernando Lusson. | La Región

A la postre tampoco era tan difícil de resolver y se ha hecho siguiendo los usos diplomáticos, mucha gestión subterránea, cambio de algunos protagonistas que favorece el acercamiento y gestos que tienen un valor relativo, sobre todo cuando son repetidos, a los que se les da una mano de barniz para que parezcan nuevos. Y para que no falte de nada ha vuelto a funcionar la “diplomacia del ping pong” en este caso con una pelota más grande, las que se utiliza para jugar los partidos del Campeonato Mundial de Fútbol, que se celebra en México, Estados Unidos y Canadá.

España y México han resuelto una crisis más histórica y metafísica que real en el encuentro celebrado en el Palacio Nacional de México entre el rey de España, Felipe VI y la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, que le había invitado a su país para que asistiera al partido entre la selección nacional y la de Uruguay. El momento era el idóneo y venía precedido de una declaración al socaire de una visita cultural en la que se encontraba presente el embajador mexicano en nuestro país, en la que el rey reconocía que podrían haberse cometido abusos, durante la conquista de México.

No era un gesto nuevo, porque unas palabras similares había utilizado el rey emérito, Juan Carlos I, en alguna otra ocasión, que en aquel momento debieron ser suficientes y que solo el empecinamiento del expresidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, para que del abuso se pasase al reconocimiento y a la condena de la conquista de México por Hernán Cortés con la cruz y la espada y, con un tono un tanto prepotente escribiera una carta al rey para que pidiera perdón por aquellos hechos. Más allá del debate historiográfico sobre lo sucedido y su explicación con los ojos del presente, que las relaciones diplomáticas estuvieran formalmente “en pausa” durante siete años era una anomalía con la que había que acabar cuanto antes, y la forma en la que se ha resuelto demuestra que no tenía mucho sentido, sobre todo cuando las relaciones económicas comerciales, culturales y de todo tipo atraviesan un buen momento, hay sintonía entre dos gobiernos progresistas sobre algunos de los problemas mundiales y en especial en los que afectan a Latinoamérica y porque Sheinbaum y Pedro Sánchez coinciden en que su némesis es el presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

Los pasos dados por España para acabar con esta situación han sido comedidos, pese a las críticas ultranacionalistas de algunos, y el rey Felipe VI ha vuelto a actuar como se espera del jefe del Estado, como el principal actor de la diplomacia española, habrá escuchado con atención el relato de Sheinbaum sobre “los pueblos originarios” para pasar después a lo relevante, a la coincidencia en trabajar para “fortalecer la relación bilateral en beneficio de nuestras naciones”.

Aunque el punto más bajo de las relaciones formales se produjo cuando Claudia Sheinbaum no invitó al rey Felipe V a su toma de posesión, que se ha saltado muy pocos de estos acos en los países latinoamericanos, la relación entre la presidenta mexicana y Sánchez contribuyó la deshielo con su presencia el pasado mes de abril en una cumbre de líderes progresistas celebrada en Barcelona.

Aun con las relaciones diplomáticas pausadas, España ha seguido siendo el segundo país inversor en México y el país norteamericano tiene al nuestro como su primer socio comercial en Europa.

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