Miguel Abad Vila
TRIBUNA
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REFLEXIONES DE UN NONAGENARIO
Aunque los casos de corrupción ocupan casi en su totalidad las informaciones mediáticas, no debemos olvidar otros sucesos que intervienen en nuestra actividad actual y futura.
En la última cumbre de Davos, se considera la energía nuclear un pilar estratégico indispensable que vive un claro renacer y la UE lo ratifica con sus decisiones: cree un error la reducción de la energía nuclear en Europa y lanza un plan para impulsarla que la vicepresidenta de la Comisión, Teresa Ribera, anuncia por importe de 240.000 millones de euros, rectificando así su postura anterior, siendo ministra de Transición Ecológica, rotundamente opuesta a su utilización en España (“errare humanum est, stultitiae est perseverare in errore”). Por ello dedico esta reflexión a las centrales nucleares.
Alemania inicia el proyecto de producción de un artefacto explosivo nuclear que en 1939 denuncia Albert Einstein al presidente Roosevelt. Pero será el físico Robert Oppenheimer quien logra construir el primer reactor en 1942, en EEUU, cuya consecuencia es la bomba atómica en 1945, lanzada el 6 de agosto sobre Hiroshima y el 9 sobre Nagasaki, con lo que finaliza la II Guerra Mundial. A partir de entonces, varios países fabrican sus primeras bombas atómicas: Rusia en 1949, Gran Bretaña en 1952, Francia en 1960, China en 1962 e India en 1974.
Pero el 8 de diciembre de 1953, el presidente de los Estados Unidos, Eisenhower, pronuncia en la ONU el discurso denominado “Átomos para la paz”, en el que propone pasar del uso de la energía atómica para armamento a fines pacíficos, y en 1957 se crea la Organización Internacional de la Eenergía Atómica (OIEA).
Este nuevo uso se inicia en 1954, con la primera central nuclear de Obninsk, próxima a Moscú, que cesa su actividad el año 2002. Le siguen Calder Hall en Reino Unido, que funciona desde 1956 hasta 2003, y Dhipping en Estados Unidos, entre 1957 y 1982. El bum de la construcción de centrales nucleares lo tenemos a partir de 1960, en que son 17 las existentes en cuatro países: URSS, Reino Unido, Estados Unidos y Francia. Una década después son ya 94 en 15 países, y en 1980, 273 en 22 países y más de 200 en construcción, aumento al que además contribuye el elevado precio del petróleo.
Pero los accidentes en las centrales nucleares alterarán sus planes de expansión, lo cual sucede por primera vez en 1979 en la central de Three Mile Island (Estados Unidos) con la fusión parcial de un reactor, lo cual no impide que sea autorizada a mantener su funcionamiento hasta 2034.
El accidente en Chernobil en 1986 provoca la reacción unánime contra las centrales nucleares, alentada por organizaciones ecologistas. A pesar de ello, Chernobil funcionará hasta el año 2000.
En Fukushima (Japón) funcionan desde 1979 sus 6 reactores y un terremoto de magnitud 9, seguido de un tsunami, provoca el año 2011 el último gran accidente.
Para los detractores de la energía nuclear son estos accidentes el argumento para su rechazo, al que añaden el que pueden ser objeto de ataques terroristas (afortunadamente no ha sucedido) y que algunos países han derivado el empleo pacífico de la energía nuclear a la fabricación de armas nucleares. Por esta razón, no solo se cerraron centrales existentes, sino que también se paralizó su construcción.
Sin embargo, las ventajas de las centrales nucleares como energía limpia y garante de producción llevan a su renacer, del que son un ejemplo Japón, que retoma sus centrales; Bélgica, que frena el apagón nuclear, y la UE, que defiende evitar el cierre.
La Agencia Internacional de la Energía (AIE) destaca que China tiene en construcción 25 reactores y Rusia 23 y se ha iniciado la de pequeños reactores modulares destinados a suministrar energía a los nuevos centros de proceso de datos.
¿Y qué sucede en España? En 1968 coincide la terminación de la controvertida central de Castrelo de Miño con la de Trillo, la primera nuclear en España, ambas de Fenosa, cuya vida llegará hasta el año 2006 y, aunque en 1972 se inician las obras de la central de Lemoniz, la oposición, sobre todo de ETA, con un atentado que causa la muerte del ingeniero Ryan, impulsa su definitiva suspensión. Transcurren varios años hasta que comienzan las obras de nuevas centrales: Valdecaballeros en 1979; Almaraz I en 1983, con actividad hasta 2027, y solicitada prórroga hasta 2030; en 1984, Almaraz II, con vida hasta 2028, y Cofrentes y Ascó I, hasta 2030; en 1986, Ascó II, hasta 2031, y en 1988, Vandellós, hasta 2030, y Trillo I, hasta 2034. Es decir, en 2034 España tendrá apagón nuclear.
El programa electoral del PSOE de 1982 incluía la suspensión de los programas de energía nuclear, coincidiendo con la presión de Greenpeace, la caída de la demanda y los costes de las obras que ascendían a más de 700.000 millones de pesetas. La moratoria nuclear que aprueba el Gobierno de Felipe González en 1994 permite a las compañías eléctricas recuperar sus inversiones mediante el cargo en los recibos de los consumidores de un canon hasta el año 2015.
El Gobierno de Sánchez, con su ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera , fue contrario a las centrales nucleares, afirmando ésta que ni el gas ni la nuclear pueden ser sostenibles, y su sucesora, Sara Aagesen, es firme creyente del cambio climático.
¿Cuál es la situación actual y el futuro de la nuclear en España? El año 2025 las centrales nucleares produjeron más del 19% de la electricidad consumida y, con ese dato, el presidente Sánchez en una comparecencia en el Congreso, en marzo de 2026, abre la posibilidad de ampliar la vida de las centrales nucleares, mientras la fallida Lemoniz se convierte en la mayor piscifactoría de lenguado en Europa, Almaraz está pendiente de la aprobación de su prórroga y Cofrentes construye un almacén para su combustible gastado cuando se debate su cierre.
¿Se ampliará la vida de las nucleares cuando se revise su aptitud, como han hecho otros países?
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