Manuel Baltar
La guardia pedroriana
Probablemente la pregunta que nos gustaría contestar es ¿qué es el Universo?, respuesta a la que en los últimos años nos hemos acercado con las nuevas tecnologías, pero que nos ha conducido a más enigmas sin resolver: ¿en qué se sostiene?, ¿hacia dónde se expande y hasta dónde lo hará? Con la "singularidad" del Big Bang conocemos que el espacio y el tiempo se expanden, y por los datos que tenemos lo hace cada vez a una velocidad más allá de la prevista en las teorías, llegando a estar muy cerca de volver a superar la velocidad de la luz, produciéndose la "singularidad finito-infinito". Conociendo que de la nada (no es lo mismo que el vacío), el Universo ha llegado a alcanzar el tamaño actual, nos conduce a pensar que la nada es en la que el espacio-tiempo se está desarrollando. ¿Pero es la nada la que lo sostiene? Otros universos o dimensiones no resuelven las preguntas, siempre indican que todo tiene que estar dentro del espacio-tiempo o dimensiones que conocemos, lo que refuerza la "singularidad finito-infinito", que encuentra respuesta en la cuántica, que puede sostener simultáneamente tres estados: onda, cuanto y las dos a la vez, tal como ya preveían en el entrelazamiento cuántico en 1935 Einstein, Podolsky y Rosen.
El Universo es un caos "cuántico" regido por leyes que ya se plantearon en el siglo pasado y ocasionaron debates entre Albert Einstein ("Dios no sólo juega a los dados con el Universo; sino que a veces los arroja donde no podemos verlos"), y Niels Bohr respondiendo ("Einstein, deje de decirle a Dios lo que tiene que hacer"), finalizando el primero cuando dijo: "Lo más incompresible de la realidad es que sea comprensible". Por último, las palabras de Stephen Hawking: "Einstein se equivocaba diciendo que Dios no juega a los dados con el Universo. Considerando las hipótesis de los agujeros negros, Dios no sólo juega a los dados con el Universo: a veces los arroja donde no podemos verlos". Razonamientos que entran en la metafísica, y discrepancias que deben alegrarnos porque "el aumento del conocimiento depende por completo de la existencia del desacuerdo" (Karl Popper), y seguro que podremos acercarnos a la realidad, aunque estemos trabajando con millones de años de diferencia.
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