La dulce mariña lucense del Eo al Sor

DEAMBULANDO

Publicado: 01 sep 2026 - 05:35
Opinión en La Región
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Del río Eo al río Sor, que ambos desembocan, en la ría de Ribadeo el primero, y en la de Bares, Barqueiro, Sor o la Estaca como se conoce a la segunda. De una a otra, la espléndida Mariña lucense que hasta Burela por tierras llanas, y desde allí como que se caen las montañas junto al mar. Esto hace que la climatología sea muchas veces imprevisible, como por allá se dice nunca se sabe cuándo va a llover, aun en un presente de infalibles previsiones

En el tramo de Ribadeo a Foz te puedes encontrar con la fantástica playa de As Catedrais, invadida de millares de visitantes que por riadas de miles entran en cada turno; la dos Castro, un aeródromo de poco uso, un puertecillo, el de Rinlo, que por verano invadido de comensales del tipismo o cuando una calle de tal tránsito por la que pasar se antoja de jimkana, y aunque típico el lugar lo estropea el fondo de alguna casupa de bloques. Reinante es otra de las playas donde conocí al primer veraneante o bañista de Ourense. De Foz a San Cibrao se nota la rasa Cantábrica. Algún castro marítimo por Fazouro, la bonitera Burela con puerto de mucha actividad, embarque millonario de troncos de eucalipto con destino Europa, mucha marinería caboverdiana, un hospital comarcal, ubicado allí por situación intermedia y poblacional, puerto bonitero por excelencia. Un poco alejado de la costa, Sargadelos y su industria de porcelana típica, fundada por el marqués que a la par construía cañones en sus hornos, y que por su espíritu liberal fue masacrado por las masas enardecidas por el clero en su residencial Ribadeo. Alfredo Conde tiene una excelente novela del marqués: Azul y Cobalto. Dejando Burela pasamos por a Marosa, su playa hermosa, donde ahogarse inconcebible parecería si no fuese que algún caso en archivos.

En tiempos de Adolfo Suárez, levantaron en el inmediato San Cibrán la fábrica de aluminio, dicha Alúmina Aluminio, gran motor de A Mariña en su día, que luego Alcoa, a bajo rendimiento desde que la bauxita cuesta más y la electricidad que alimenta sus hornos con transporte diario de cubas o tanques que vacían los desechos de la bauxita en una presa artificial llamada la balsa de Roldán. San Cibrán tiene castro en su península, faro y dos recogidas playas urbanas. En las cercanías el Portiño de Mourás o acaso Morás, que esto se cuestiona, un paseo o sendero que se encarama en el mar, te lleva por una costa sin playas hasta Portocelo pasando por la isla Ansarón y el castro de San Tirso de formidable defensa cara al mar al que llegan los rumores de a Roncadoira, allí cercano rompiente y faro. Comienza ya el paisaje a erizarse cuando encontramos el monte Faro, cónico y que da acceso a la ría de Viveiro, cuando antes pasamos por la playa de Muinelo y luego la surfera de Esteiro de Faro. Avanzando siempre hacia el oeste, como si ritmo marcado por el Sol, nos encontramos en la playa de As Areas donde escuela de vela; llegamos como a tiro de hondero a Celeiro, el puerto merlucero por excelencia; Viveiro, la ciudad con título de tal da Mariña, está a unos pasos, con su puerta pétrea de Carlos V por donde dicen entró el emperador en la ciudad, a cobijo del monte San Roque. Por o Fociño do Porco ya te adentras en tierras de O Vicedo. San Román es la playa de altas dunas y en Xiloi no haya forastero de postín que se precie que no visite la playa, dejando atrás la inaccesible isla Coelleira donde un monasterio arrasado por un conde, al que me niego a llamar noble, que no respetó ni vida de monjes. Entramos en la rio del Sor donde a resguardo de sus aguas se cobijaron unos cuantos submarinos nazis durante sus razzias por el Atlántico.

Qué más bellos lugares de cierre de esta Mariña no hubiere y tanta historia se cobijare donde San Rosendo fue obispo y señor cuando regía desde la catedral de San Martiño de Foz la diócesis mindoniense, que luego por la exposición a las incursiones wikingas fue trasplantada hacia el interior, en Mondoñedo. Rudesindus, así llamado san Rosendo, el marical Pardo de Cela y Antonio Raimúndez, marqués de Sargadelos, fueron los prohombres de esta faja Cantábrica.

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