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Casi tan famoso como el cuento del dinosaurio de Augusto Monterroso, que cuando despiertas todavía sigue ahí, es “Eclipse” en el que narra la historia de fray Bartolomé Arrazola, capturado por una tribu maya dispuesta a sacrificarlo y a la que intentó convencer de que no lo hicieran porque si le mataban podía hacer “que el sol se oscurezca en su altura”, dado que sabía que al día siguiente se iba a producir un eclipse total de sol. “Dos horas después el corazón de fray Bartolomé Arrazola chorreaba su sangre vehemente sobre la piedra de los sacrificios”, porque los indígenas conocían “las infinitas fechas en que se producirían eclipses solares y lunares”. Con todo lo excepcional que es el eclipse del próximo día 12 no deja de ser un fenómeno conocido, pero de la misma forma que el franciscano intentó engañar a los mayas, muchos caraduras pretenden hacer negocio a costa de la naturaleza y promueven un sinfín de experiencias espirituales, retiros, y ceremonias que cuestan un ojo de la cara. Cuando pase el eclipse los incautos no verán su corazón sobre la piedra de sacrificios sino su cartera más vacía y se sentirán más ligeros.
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