Economistas al rescate
CAMPO DO DESAFÍO
Que la izquierda lleva décadas sin un horizonte teórico claro lo sabe la derecha: de ahí su envalentonamiento. La feliz caída del muro de Berlín se llevó consigo no sólo a la agotada izquierda comunista, también a la posibilista socialdemocracia. La “tercera vía”, un invento a la medida de Tony Blair, se instalaría en el imaginario colectivo como la fórmula para ligar, o subordinar, el progresismo al capitalismo en tiempos del “fin de la Historia”. De los noventa a la actualidad, la izquierda fue perdiendo crecientes cuotas de representación política, incluso ante los desastres de la burbuja inmobiliaria y financiera de 2008 o los riesgos asociados a la deslocalización industrial y la globalización, puestos de manifiesto en la pandemia de 2020.
Campo libre para las grandes corporaciones tecnológicas y el discurso político en blanco o negro
El envalentonamiento escala ahora expresiones más descarnadas: el señalamiento del inmigrante, de la mujer y su derecho a la igualdad y a la seguridad; el desprecio a la tributación, al Estado del bienestar o a la transición energética. Se impone la ley del más fuerte, la fragilización de las redes de protección de los más vulnerables y se abandonan las instituciones multilaterales y mediadoras en conflictos. Campo libre para las grandes corporaciones tecnológicas y el discurso político en blanco o negro, tabla rasa que no tolera los matices y rehúye los consensos y hasta la verdad, en el afán de imponer un constante “conmigo o contra mí”. Como ha dicho Joseph Stiglitz, nobel de economía, “la ideología de los millonarios tiene un grado de egoísmo alucinante”, y de brutalidad, añado.
Todo ello, más las guerras en los bordes de Europa, el desorden generado por Trump y su cohorte de fanáticos y ultramillonarios tecnológicos, estimula el pensamiento alternativo. La reciente desaparición de Robert Skidelsky, biógrafo canónico de John Maynard Keynes, actualiza la figura de este y el papel que el Estado puede desempeñar en salvar al capitalismo de sus propios excesos. Daron Acemoglu, Mariana Mazzucato, Dani Rodrik o nuestro Antón Costas, son algunos de los economistas que, desde enfoques humanistas y liberal-progresistas, ofrecen ideas para detener el destrozo y reconstruir la idea del progreso inclusivo. Por ejemplo, más Europa y mayor implicación del Estado en orientar e impulsar las grandes estrategias inversoras: en tecnologías e IA, en capacidad de defensa militar, en fortalecimiento del estado del bienestar y en apoyo a los jóvenes. Más peso de los sindicatos para proteger los derechos de los trabajadores y su corresponsabilidad en los objetivos de la empresa; apoyo al crecimiento, como fórmula para mejorar el nivel de bienestar y creación de más empresas, como garantía de mejores empleos, innovación y riqueza.
Y todo ello, desde una idea matriz: la necesidad de un mundo basado en reglas. También, y sin contradicción, para limitar la influencia del propio Estado.
Contenido patrocinado
También te puede interesar
Lo último
86.000 SOLDADOS EN EUROPA
EEUU retirará 5.000 de sus soldados de Alemania en plena revisión de su presencia militar en Europa