Economistas al rescate

CAMPO DO DESAFÍO

Publicado: 02 may 2026 - 04:10
Opinión en La Región
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Que la izquierda lleva décadas sin un horizonte teórico claro lo sabe la derecha: de ahí su envalentonamiento. La feliz caída del muro de Berlín se llevó consigo no sólo a la agotada izquierda comunista, también a la posibilista socialdemocracia. La “tercera vía”, un invento a la medida de Tony Blair, se instalaría en el imaginario colectivo como la fórmula para ligar, o subordinar, el progresismo al capitalismo en tiempos del “fin de la Historia”. De los noventa a la actualidad, la izquierda fue perdiendo crecientes cuotas de representación política, incluso ante los desastres de la burbuja inmobiliaria y financiera de 2008 o los riesgos asociados a la deslocalización industrial y la globalización, puestos de manifiesto en la pandemia de 2020.

Campo libre para las grandes corporaciones tecnológicas y el discurso político en blanco o negro

El envalentonamiento escala ahora expresiones más descarnadas: el señalamiento del inmigrante, de la mujer y su derecho a la igualdad y a la seguridad; el desprecio a la tributación, al Estado del bienestar o a la transición energética. Se impone la ley del más fuerte, la fragilización de las redes de protección de los más vulnerables y se abandonan las instituciones multilaterales y mediadoras en conflictos. Campo libre para las grandes corporaciones tecnológicas y el discurso político en blanco o negro, tabla rasa que no tolera los matices y rehúye los consensos y hasta la verdad, en el afán de imponer un constante “conmigo o contra mí”. Como ha dicho Joseph Stiglitz, nobel de economía, “la ideología de los millonarios tiene un grado de egoísmo alucinante”, y de brutalidad, añado.

Todo ello, más las guerras en los bordes de Europa, el desorden generado por Trump y su cohorte de fanáticos y ultramillonarios tecnológicos, estimula el pensamiento alternativo. La reciente desaparición de Robert Skidelsky, biógrafo canónico de John Maynard Keynes, actualiza la figura de este y el papel que el Estado puede desempeñar en salvar al capitalismo de sus propios excesos. Daron Acemoglu, Mariana Mazzucato, Dani Rodrik o nuestro Antón Costas, son algunos de los economistas que, desde enfoques humanistas y liberal-progresistas, ofrecen ideas para detener el destrozo y reconstruir la idea del progreso inclusivo. Por ejemplo, más Europa y mayor implicación del Estado en orientar e impulsar las grandes estrategias inversoras: en tecnologías e IA, en capacidad de defensa militar, en fortalecimiento del estado del bienestar y en apoyo a los jóvenes. Más peso de los sindicatos para proteger los derechos de los trabajadores y su corresponsabilidad en los objetivos de la empresa; apoyo al crecimiento, como fórmula para mejorar el nivel de bienestar y creación de más empresas, como garantía de mejores empleos, innovación y riqueza.

Y todo ello, desde una idea matriz: la necesidad de un mundo basado en reglas. También, y sin contradicción, para limitar la influencia del propio Estado.

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