Xabier R. Blanco
CLAVE GALICIA
“Enchoupados”
Las furibundas amenazas del presidente norteamericano Donald Trump, de cerrar el acceso de estudiantes extranjeros a las universidades norteamericanas, han creado incredulidad, asombro y no menos desasosiego, desconfianza y recelo. Va en contra de su mismo credo político como republicano y del mismo concepto como país, fraguado por varias generaciones como el de las oportunidades. Acusa de que algunas de las universidades privadas, las más selectas y ricas, con Harvard a la cabeza, den acogida a estudiantes extranjeros que cuestionan, en sus frecuentes manifestaciones, los valores sociales, políticos, religiosos, que han configurado la ética de los Estados Unidos. Bajo el punto de mira la nueva cultura woke. Y en concreto, el creciente antisemitismo, causado en parte por la guerra de Israel contra Hamás, que controla la franja de Gaza y su población palestina. Trump apunta al grupo de univeridades privadas, situadas en el Este del pais, y que compiten entre ellas en deportes y prestigio académico. Son reconocidas por la sigla Ivy League (la liga de la hiedra). Alude a algunos de sus edicificios emblemático e históricos cuyas paredes las cubre una tupida red de hiedras. A la cabeza, Harvard, seguida de las siete restantes: Brown, Columbia, Cornell, Darmouth, Princeton, Pennsylvania y Yale.
Se las reconoce sobre todo, a parte de sus fervientes programas de deportes, por su excelencia académica, admisión muy selectiva y su elitismo social. El término élite es usado con frecuencia de forma peyorativa y como sinónimo de excluyente. Se asume que tan solo tienen acceso a estas instituciones académicas los ciudadanos considerados como “the wasps”, acrónimo por blanco (white), anglosajón (as) y protestante (p.): ricos, blancos inteligentes, protestantes y elitistas. Familias con nombre: que se distinguen por su riqueza, poder, conocimiento, inteligencia o talento. Y que ejercen influencia y autoridad sobre el resto de la población, es decir, the stablishment. Ciertamente el grupo ha dominado la sociedad americana, su política e historia. Sigue presente en las finanzas y, también se cree, en las universidades más selectivas y de prestigio.
Un caso, en mente. Manuel Pereira Arias, alumno orensano que fue admitido por Brown con una beca completa, años ha
En mis años en Yale, Columbia y Brown nunca me sentí diferenciado. Y en los siete años en la dirección del Departamento de Hispánicas en Brown, nadie me preguntó por mi procedencia. El rector, Vartan Gregorian, era de origen armenio, y la rectora que le siguió (Ruth Simmons) afroamericana, con antepasados esclavos afincados en el estado de Luisiana. El caso más renombrado. el del presidene Barack Obama y el de su mujer Michelle. Esta se graduó por Princeton; Barack por Columbia y Harvard. Los presupuestos anuales de estas universidades, destinan el 30% a becas asignadas a los alumnos que son admitidos pero que carecen de recursos económicos. Así en Brown. Una gran cantidad de donaciones, que proceden de sus exalumnos van dirigidas a los que no tiene (has-nots), pero que auguran un futuro de excelencia para su universidad. Es admirable el sentimiento de filantropía que mueven a los donates, a sus exalumnos y el sentido afecto hacia su Alma Mater.
Un caso, en mente. Manuel Pereira Arias, alumno orensano que fue admitido por Brown con una beca completa, años ha. Otro orensano le había precedido como profesor; tuvo noticias sobre él al llegar al campus y una tarde de verano se acercó con su familia a Parada de Sil para conocerme en persona. Elitismo cero, tanto por quien era profesor de Brown, como del brillante estudiante orensano. Se interesaba en especializarse en economía y en relaciones internacionales.
Otro caso no menos excepcional y en otro nivel: Ángel Cabrera, hijo de padres sin estudios universitarios que dio el salto a Estados Unidos como rector de George Mason University y, últimamnte, del prestigioso Instituto Tecnológico de Georgia, considerado como uno de los mejores del país. En él estudió el presidente Jimmy Carter. Como uiversidad pública, también selectiva, cuenta con más de cincuenta mil solicitudes anuales en sus estudios de licenciatura. Ofrece incluso un máster online. Avanzado en alta tecnología, consta con el número diez en el ranking de las universidades públicas de Estados Unidos. O la joven, única en baloncesto, que es admitida en Saint Mary’s College, situado en el Este del estado de Pennsylvania, al lado del lago Erie, con beca coompleta. Se graduó en matemáticas Summa cun Laude. Su abuelo paterno procedía de la Ribeira Sacra. A la mayoría de estos estudiantes los marca como experiencia universitaria la atención personal que reciben del profesor, cercano, atento a su bienestar, sin el aura de distinción o de diferencia, que a veces marca distancias entre quien instruye, enseña, y quien transmite conocimientos.
El cerrazón que impone Trump al acceso de estudiantes extranjeros a las universidades norteamericanas es un revés sin precedentes. Deja muchos sueños rotos, fruto de una política errática, descriminatoria e inhumana.
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