EL EJERCICIO DEL PODER

Publicado: 13 dic 2010 - 08:50 Actualizado: 11 feb 2014 - 00:00

La peculiar forma en que el gobierno ha resuelto, nunca mejor escrito, la crisis de los controladores, ayuda a comprender el talante y el estilo que ha caracterizado su gestión en este tiempo. Una gestión y administración pública que se ha realizado de una manera esencialmente autoritaria. Acudiendo al estado de alarma y militarizando un asunto público que civilmente debería haberse arreglado, se envía un mensaje inquietante: no se preocupen señores y señoras ciudadanos, sepan que si fracasa la capacidad política para encauzar los asuntos de interés general, tenemos la gran fórmula: la intervención de las Fuerzas Armadas. He aquí el nuevo talante, he aquí la nueva pócima que traerá el bienestar y la felicidad a todos los españoles.

¿Se imaginan, queridos lectores, qué habría pasado si un gobierno del PP hubiera adoptado la solución ahora seleccionada para resolver el problema del cierre del espacio aéreo español? Probablemente, y me quedo corto, amén de manifestaciones por doquier, el Gobierno habría sido denunciado ante instancias internacionales. Sin embargo, ahora, en uno de los peores momentos de la situación de nuestro país, se usa, por vez primera en la democracia, la declaración del estado de alarma y se anuncia la intervención de una autoridad competente, por supuesto militar, para resolver de manera unilateral la cuestión.

La incompetencia y la incapacidad para alcanzar un acuerdo con los controladores debía haber aconsejado la dimisión del o de los responsables de la materia. Pero no, aquí no dimite nadie. Antes, con tal de sobrevivir, se hace lo que sea. Antes, se convoca a la fuerza militar para que lo que el diálogo y las metodologías democráticas para la solución de conflictos no han conseguido, se consigue por la vía castrense.

Llama la atención, y no poco, la escasa, escasísima reacción de la opinión pública ante un ejercicio autoritario del poder, ante una forma unilateral de entender el poder. Lo importante, ya lo dijo González, es que el gato cace ratones, igual da que sea blanco o negro, lo relevante es que el gato cace ratones, que para eso está en el mundo. Aquí, de lo que se trata es de resolver los problemas como sea. A como dé lugar. Sea cual sea el precio que cueste. Incluso, desde esquemas extra democráticos.

Este argumento, propio de los sistemas autoritarios, se va instalando poco a poco en una sociedad que va renunciando, al dictado del control y la manipulación orquestada desde el vértice, a valorar la calidad de las cualidades democráticas de quienes deciden sobre el espacio público. Un asunto muy pero que muy grave que demuestra el grado real de vigencia de los valores constitucionales, de los que tanto se habla estos días de aniversario de nuestra Carta Magna.

Primero, se restringe la libertad educativa, después el derecho a la vida se lamina, más tarde la libertad de información se somete a determinados tamices, y finalmente se controla la vida privada de determinadas personas a través de sofisticados instrumentos procedentes del mundo de las nuevas tecnologías. En el colmo de la manipulación social: se inocula desde la cúpula una suerte de pensamiento único que ya alcanza incluso a los más indefensos de nuestra sociedad: a los niños en las escuelas públicas.

Las libertades están siendo limitadas a gran velocidad y, sin embargo, el grado de la reacción social no es proporcional a la dimensión de las limitaciones que se perpetran. El control del poder judicial en las instancias más elevadas está a la vista de todos. El sometimiento del parlamento al poder ejecutivo es evidente. Y, todos, poder ejecutivo, legislativo y judicial (en sus últimos eslabones) a merced de la burocracia del partido político dominante, desde donde se intenta a como dé lugar que el pueblo no sepa ni la verdad de lo que acontece ni esté en las mejores condiciones para elegir la mejor opción para salir adelante.

En fin, que no es una casualidad que, como opina la mayoría, los políticos son uno de los principales problemas a que nos enfrentamos. Un problema que requiere ciertas medidas traumáticas que sólo dirigentes con talante profundamente democrático podrían emprender. Ojalá den un paso al frente.

Contenido patrocinado

stats