Elecciones, plebiscito

Publicado: 06 oct 2026 - 03:40

Con un discurso alejado de lo que se había anunciado como una declaración institucional -en la práctica fue el primer mitin de campaña- Pedro Sánchez anunció la convocatoria de elecciones para el próximo 29 de noviembre. El hecho en sí es una buena noticia porque va a permitir a los ciudadanos juzgar lo que han sido estos años de legislatura. Fallida desde el punto de vista de las previsiones constitucionales -no ha presentado Presupuestos- y porque entre otras anomalías hemos asistido al retorcimiento del Código Penal para favorecer a los golpistas del “procés” a los que concedió amnistía a la carta.

La política sobre emigración ha dejado a Sánchez en soledad en relación con los socios de la UE y ha sido uno de los vectores del enrarecimiento de la vida nacional

Por no hablar de los volantazos en materia de política exterior enfrentándonos a los Estados Unidos o el giro a favor de Marruecos en relación con el Sahara Occidental y la inexplicada pasividad ante Rabat tras la invasión sufrida por Ceuta el pasado 30 de julio. Invasion que sigue y deja a miles de marroquíes vagando por la ciudad autónoma en vísperas de las visita de los reyes prevista para la próxima semana. La política sobre emigración ha dejado a Sánchez en soledad en relación con los socios de la UE y ha sido uno de los vectores del enrarecimiento de la vida nacional. En el caso de lo ocurrido en Ceuta, un abandono de la responsabilidad del Gobierno en orden a la defensa de la integridad territorial, ha instalado en el ánimo de una parte de la ciudadanía la idea de que Pedro Sánchez está maniatado en relación con Marruecos.

Al escucharle en el mitin en el que anunció el adelanto electoral presentarse como el paladín capaz de “doblegar a las élites” -los poderosos, los desalmados que están detrás de los desahucios- sus palabras destilaban un aroma inequívocamente peronista, de discurso para descamisados. Ni que decir tiene que ni mencionó -aunque fuera para pedir disculpas- los casos de corrupción que marcan la agenda judicial-, ni hablando del problema de la vivienda admitir que llegó al poder prometiendo que se acabarían los desahucios. Sólo desde enero de 2025 se han producido 30.000 lanzamientos. Ha tenido ocho años para encauzar el problema y ahora se ve atrapado porque el problema de la vivienda sigue ahí y teme que vaya a ser él el próximo desahuciado. En fin, visto que ha planteado la llamada a las urnas como un plebiscito, cumple a los ciudadanos juzgar su trayectoria de arribista, de político que ha fomentado la polarización, ocupado las instituciones, y a quien la historia señalará por su falta de escrúpulos y su facilidad para incumplir sus promesas y su palabra.

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