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Al llegar a los campos de Zamora y ver la escala del tractor que araba una geometría que no conseguía abarcar con la mirada, la boca se le abrió como un pozo. Eran los años 90 del siglo pasado, el tractor estaba equipado con aire acondicionado y reproductor de discos compactos, comodidades con las que no contaban muchos coches. El propietario de del latifundio y un ayudante cultivaban sin grandes sudores remolacha. El segundo sacaba para vivir y el primero para mandar a los hijos a la universidad y cambiar el Mercedes a tojateja cada año, aunque prefería guardar para las campañas malas.
Le dijeron que en un año sin plagas y tiempo a favor el negocio en bruto podía rondar los 50 millones de pesetas (300.000 euros). El agricultor había estudiado Medicina pero el tiraba más la tierra, por afición y rentabilidad. Un hijo del minifundismo contaba en el abrevadero que aquel día había sentido cierto complejo ante el relato sin fanfarronería del latifundista. Sacó el tema porque cree que las pequeñas fincas que le dejaron sus padres han perdido todo su valor. “No puedes meter ni un tractor”, dijo.
Hace unos meses, Xosé Ramón Pousa, periodista y exdecano de Ciencias da Comunicación, realizó un elogio del minufundismo y el chófer de anécdotas tomó nota
El minifundismo tiene peor fama de la que merece. Incluso una definición chunga en el diccionario. Se contempla como una estructura que ahoga la producción agrícola pero significó la supervivencia de generaciones de familias de labradores en Galicia.
Hace unos meses, Xosé Ramón Pousa, periodista y exdecano de Ciencias da Comunicación, realizó un elogio del minufundismo y el chófer de anécdotas tomó nota. Le habían preguntado por el temporal o la plaga –dato sin registrar en la libreta– que afectaba al Ribeiro y Pousa contestó con los pies en la tierra. Ya jubilado y miembro de la Fundación Carlos Velo, tiene su casa en Beade y elabora vino. El viticultor o el labrador no quería fincas grandes, buscaba terrenos manejables, que pudiese trabajar uno o dos hombres, en distinta altura y orientación para poder plantar diferentes variedades a lo largo del calendario. Era la manera de evitar la pérdida de toda la cosecha en caso de plaga o helada. La tesis de Pousa cambió el punto de vista del cliente del abrevadero plegado al latifundismo desde aquella jornada en Tierra de Campos.
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