Las emociones

Publicado: 10 oct 2026 - 03:40

A Núñez Feijóo le preocupa la ola emocional alrededor del caso Maricarmen. Una reacción que debe considerar injustificada. Y es cierto que no se le ha oído expresión de pesar por su fallecimiento o, semanas antes, por el dasahucio subrayado por la camilla y la ambulancia. Nada de esto ha puesto un gesto de solidaridad en el rostro o las palabras del dirigente conservador. Llegamos a la conclusión de que las manifestaciones de dolor, rabia y hasta la propia Maricarmen molestan a Feijóo. Le desconcierta esta explosión sentimental. El lado humano, imprevisible, emocional, escapa a la planificación de una campaña electoral que estará medida en sus mínimos detalles.

Decía Vázquez Montalbán que “la aznaridad es cejijunta y plana”

Feijóo, que es ya un representante de la vieja política, está rodeado por competidores que trabajan a fondo las emociones. Lo emocional mueve hoy montañas… de votos. Ayuso lo practica a destajo. Las emociones que busca tienen que ver con el lado chulapo y perdonavidas: la libertad en unas cañas o en un chascarrillo de casquería. Abascal, en la limpieza de sangre y las glorias apolilladas de un pasado inflamado y guerrero. El propio Sánchez, en el torrente gestual de un san Sebastián asaeteado o un Gary Cooper solo ante el peligro, y la izquierda plural, en una demagogia infantil que causaría la risa en los revolucionarios bombistas del siglo XIX. Todos apelan a las emociones, a lo epidérmico y circunstancial. Sin saber muy bien cómo ni desde cuándo, aunque culparemos a las pantallas, lo emocional campa a sus anchas entre nosotros; está a flor de piel. En el comportamiento individual y en las relaciones, en las redes y, por supuesto, en la política. Feijóo, que como digo es de otro tiempo, quizá leyera a Raymond Aron cuando este escribía que “la acción política es una respuesta a las circunstancias, no una disposición teórica o la expresión de sentimientos”. De esta frialdad podrá surgir un presidente, pero no un estadista capaz de templar el ánimo de quienes lo escuchen. Y los potenciales desahuciados, los inquilinos precarios, los aspirantes a una vivienda digna, los trabajadores, los jóvenes y los mayores, necesitamos sentir la apariencia, al menos, del acompañamiento y la comprensión de nuestros políticos. Nos gustaría, sobre todo, escuchar los buenos argumentos, pero a falta de ellos hoy nos conformarnos con un poco de empatía.

Decía Vázquez Montalbán que “la aznaridad es cejijunta y plana”. Yo no quisiera que Feijóo acabara en una réplica de aquel presidente que tenía a gala su inexpresivo y teatral estoicismo castellano. Los tiempos no demandan héroes sublimes ni misiones históricas, pero sí quieren escucha atenta y acompañamiento emocional. El caso fatal de Maricarmen ha tocado la fibra humana de muchos. Feijóo no debiera ignorarla, a ella, ni a estos.

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