Escenas del lejano noroeste

EL ÁLAMO

Publicado: 13 nov 2025 - 02:10

Opinión en La Región
Opinión en La Región | La Región

Atravieso el madrileño Barrio de las Letras en busca de los vestigios de los escritores gallegos que hicieron fortuna en la capital. Fortuna y desventura, a menudo. Emilia Pardo Bazán se dejaba ver por el Café de Fornos, en la esquina de Alcalá con la actual Virgen de los Peligros, y la alusión a la Madre protectora ante los malos rollos no parecía casual, que el citado café terminó cerrando después de un suceso bastante desagradable. Con el cambio de siglo, Fornos era lugar de tertulias y trifulcas literarias nocturnas. Dos eran los alicientes del lugar que lo volvían tan atractivo: el flamenco y las mujeres de vida alegre, por decirlo como en tiempos. A la vera de estos dos platos principales se congregaban todos los golfos de Madrid, es decir, periodistas, escritores, actores y toreros. La crema de la intelectualidad fue su atractivo y ruina para el local.

En el verano de 1904 el hijo del dueño se pegó un tiro en la cabeza en uno de los reservados del café. El suceso en sí podría haber arruinado la reputación del local, pero lo cierto es que noctámbulos, intelectuales y maleantes seguían acudiendo al abrevadero como si nada. Los hermanos del muchacho tomaron la decisión de expulsar a las citadas mujeres y prohibir la entrada a los golfos de la noche, decisión que resultaba complicada de ejecutar porque a menudo los más golfos eran los propios intelectuales. Después adelantó su hora de cierre a las doce y murió a los pocos años, quedando solo el recuerdo de un tiempo literario que ha sido consignado en multitud de obras.

En el café de Levante de la calle Arenal, otro de los nuestros, Valle-Inclán, desarrolló su gran tertulia literaria durante años, y con ese punto de arrogancia y locura que le caracterizaba, afirmó que aquel bar había tenido más influencia en el arte y la literatura que varias universidades juntas. Algo de razón tenía. Además del citado, allí se congregaban Gutiérrez Solana, Rusiñol, Romero de Torres, así como los hermanos Baroja, Azorín, Rubén Darío, Jacinto Benavente, y el dibujante Rafael de Penagos entre otros. El café cerró en 1915 anunciando en la prensa que vendían todos sus enseres, incluidas las bebidas, lo que significa que más que clausura, aquello fue una disolución, una gran última copa doméstica. Me preguntó quién se llevaría el preciado billar, que también figuraba en el anuncio de prensa como objeto a la venta.

No deja, en fin, de asombrarme la inmensa huella de nuestros autores y protagonistas gallegos a través de los siglos, algunos con morriña crónica y otros ya madrileñizados hasta la médula.

Algo más lejos resiste Casa Ciriaco, que albergó a través del tiempo al propio Valle y al también genio arosano Julio Camba, y más cerca en el tiempo al añorado Antonio Mingote. Una placa en su entrada recuerda al Max Estrella de Luces de Bohemia. Y consigno estas letras una vez más desde la mesa de madera mil veces barnizada de la Cervecería Alemana de la plaza de Santa Ana, frecuentada tanto por Jardiel Poncela como por Luis Miguel Dominguín y la Ava Gardner posterior a la ruptura con Frank Sinatra.

Convento de las Trinitarias, que acogió el cadáver de Cervantes, la casa-museo de Lope de Vega, una placa recuerda el lugar donde residía Quevedo, el suelo empedrado está adornado con versos y frases célebres del Siglo de Oro, mientras cada calle del Barrio de las Letras rinde homenaje a este y este otro escritor, estatuas de Lorca y Calderón, esquina del Cristo de Medinacelli, La Daniela –el bar que aparecía en la serie del gran Arturo Fernández, La Casa de los líos-, y en la esquina, un clásico, La Dolores, donde tomaba el vermú mi abuelo, en los tiempos en los que trabajaba a ratos en los bajos de aquel edificio, donde otro ribadense había abierto una imprenta.

No deja, en fin, de asombrarme la inmensa huella de nuestros autores y protagonistas gallegos a través de los siglos, algunos con morriña crónica y otros ya madrileñizados hasta la médula, forjaron las letras de oro, la historia y a veces la histeria, “lejos, lejos” del hogar, como cantaban los Siniestro, en la capital del reino donde todo bulle a otra velocidad.

Contenido patrocinado

stats