Xabier R. Blanco
CLAVE GALICIA
Moito festival
LA OPINIÓN
En la ominosa década de los 30, Austria fue luz para muchos. El Wunderteam -equipo maravilla- revolucionó el balompié con un estilo de tiralíneas y pases cortos bajo la dirección de Hugo Meisl.
La lírica del águila finó como claudican todos los imperios, por una crisis de la que surge algo nuevo. Y lo nuevo fue el horror. En 1938 Hitler anexionó Austria, disolvió su equipo y la privó de disputar el Mundial de Francia, en el que era favorita. Las estrellas austriacas fueron exhortadas a unirse al plantel germano pero su mayor estandarte, Sindelaar, se negó a representar a los nazis. Un año después apareció muerto en su casa.
Allí, un ourensano grabó su leyenda. De los quince gallegos convocados a un Mundial solo uno nació en las Burgas. Miguel Ángel González detuvo con una acrobacia felina un disparo a quemarropa de Kreuz"
De aquellos tiempos en los que Austria era un rodillo solo consta un enfrentamiento contra España. Lo ganaron los centroeuropeos por 4-5 en el Metropolitano. Pero no hay ninguna duda de que el duelo por antonomasia sucedió en el Mundial de 1978, en medio de otro oprobio como la dictadura de Videla.
Allí, un ourensano grabó su leyenda. De los quince gallegos convocados a un Mundial solo uno nació en las Burgas. Miguel Ángel González detuvo con una acrobacia felina un disparo a quemarropa de Kreuz. Una pirueta que quedó en la antología del fútbol y que de poco sirvió. España perdió 2-1, luego llegó el estrepitoso fallo de Cardeñosa ante Brasil y una nueva debacle.
Hoy, poco queda de aquella Austria temible que encandiló a todo el orbe. Bajo el cielo de Los Ángeles y sobre el plató de Hollywood, España se encargó de acentuar las diferencias. Los de De la Fuente firmaron un partido sublime con el que reactivan su candidatura a todo. Se recuperó la verticalidad, el toque, el asociacionismo y la figura de un líder que marcará época: Mikel Oyarzábal.
La Roja, de menos a más, ya está en octavos. Ayer añadió a su lista de argumentos el del tikitaka de 2010. Una invención que no es nuestra, sino de los austriacos, 80 años atrás.
Esa singularidad oriunda de cada territorio es la que pretende aniquilar Estados Unidos en una historia que se repite peligrosamente. Quizás el fútbol, qué paradoja, sea el medio para reivindicar nuestra identidad. Y que no sea tarde.
@jesusprietrodeportes
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