Arturo Maneiro
PUNTADAS CON HILO
Pregúntele a Vivas
UN CAFÉ SOLO
Todo suena ya a algo viejo, gastado. Todo parece haber sido contado tantas veces que ha perdido su capacidad de impacto. Apenas sentimos la necesidad de detenernos para asumir la consciencia y la conciencia de las cosas que están pasando a nuestro alrededor. Lo peor es que esa sensación de cansancio ante titulares que se suceden a gran velocidad nos está llevando a normalizar lo que no deberíamos permitir. Nos acomodamos en la rutina que nos hace sentir seguros y comenzamos a desterrar al olvido el mundo que se sale de ella. Obviamos que esa amnesia selectiva es uno de los detonantes, no solo de que sigan ocurriendo las mismas barbaries, sino de que cada vez se hagan más grandes y más peligrosas.
Permitimos que se salten todas las líneas rojas que un día trazamos en consenso y, si acaso, escribimos un rabioso mensaje en alguna red social para convencernos de que estamos haciendo todo lo posible para parar las locuras de un mundo en derribo. Aunque sepamos que no es suficiente. A pesar de que hace tiempo que entendimos que con nuestra indiferencia y nuestro silencio damos la victoria a quienes solo apuestan por la destrucción y sus propias ganancias.
La pasada semana la Miteu trajo hasta Ourense la obra “Preso en la esperanza”, interpretada por el actor palestino Nabil AlRaee, que lleva toda su vida viviendo en el campo de refugiados Al-Arrub
Siguen las guerras y los genocidios cobrándose víctimas, pero ya no las miramos. Qué hartazgo, siempre lo mismo. Continúa aumentando el número de mujeres asesinadas y las violencias sexuales. Qué pesadas las feministas, mejor demos cada vez más altavoces a quienes niegan esta realidad y escrutemos los datos irreales de falsas denuncias para hundir a buenos hombres. La corrupción y las mentiras ya no necesitan taparse y se exhiben con cierto orgullo. Qué le vamos a hacer, tampoco es para tanto y todos hacen lo mismo. Los insultos, los señalamientos y los acosos incontrolados se suben a púlpitos públicos desde los que se incita a agresiones a los que no son nosotros. Pero bueno, hay que estar con las víctimas y los agresores, que no se diga que tomamos partido o que no somos equidistantes.
Y ahí estamos, contribuyendo a que ese engranaje que destruye todo lo bueno funcione cada vez mejor, en lugar de esforzarnos para aflojar las sujeciones y lograr que se caiga. No sé si es puro agotamiento, dejadez o, lo que es más dañino, que hemos perdido toda esperanza de poder cambiar el rumbo hacia la deriva.
La pasada semana la Miteu trajo hasta Ourense la obra “Preso en la esperanza”, interpretada por el actor palestino Nabil AlRaee, que lleva toda su vida viviendo en el campo de refugiados Al-Arrub. En el coloquio final afirmó que tiene esperanza en el futuro entendiéndola, no como un sentimiento, sino como un trabajo consciente diario para mantenerla. Ahí puede que esté la primera batalla ganada.
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