La estupidez del informe PISA

Publicado: 11 sep 2026 - 00:05
Opinión en La Región
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Déjeme decirle que el Informe PISA de la OCDE siempre lo he considerado una entelequia, un invento para distraer la atención de muchos políticos y crear polémicas semejantes a las de los resultados deportivos de las miles de competiciones semanales. No, nunca me ha parecido seria ni representativa una evaluación oscurantista con espíritu unificador de la enseñanza universal. Sí, PISA es un muestreo pretencioso que las administraciones públicas, las territoriales menores y las de los Estados, agarran por las hojas como al rábano del dicho y lo zarandean según sus intereses u oportunidades mediáticas. Llevo tiempo preguntándome cómo desde la miopía de dividir la educación y el conocimiento en sólo tres pilares -matemáticas, ciencias y comprensión lectora- es suficiente para evaluar la situación general de la aplicación y del saber de los entrevistados y estos a su vez utilizarlos como representación de una comunidad. Conceptualmente han retrocedido al Trivium y el Cuadrivium de las universidades medievales. Todo un logro.

Para esta última apreciación le invito a revisar los varemos históricos y observar cómo China y otros territorios satélites son faros guías permanentes. ¿El modelo político a seguir?

Ironías al margen, los resultados del informe por costumbre son pasto de polémicas ya que tanto expertos en educación como los políticos de turno o los aceptan a pies juntillas o denuestan con argumentos oportunistas. La cuantificación de los resultados por esotéricos puntos y la clasificación de mejores a peores es un entretenimiento de escolares de Primaria. Sobre todo al tener en cuenta tres razones. Una, la elección de las muestras generan evidentes resultados sesgados. Dos, los estándares universales nunca serán igualmente válidos para los diferentes territorios presuntamente analizados. Y tres, el espejo final ofrece serias dudas sobre cómo influyen las tendencias ideológicas de las administraciones que destacan o se hunden en cada evaluación. Para esta última apreciación le invito a revisar los varemos históricos y observar cómo China y otros territorios satélites son faros guías permanentes. ¿El modelo político a seguir?

Siempre que se hace público el resultado PISA, por fortuna sólo cada tres años, el espectáculo mediático que genera es digno de un buen análisis sociológico y de la mentalidad de quienes conducen nuestra vida pública. Se toma como palabra de Dios. Se discute quién o quiénes son los culpables de las caídas llevando el asunto a la orfandad más absoluta. Por descontado, cuando los resultados aparentan ser buenos vuelan medallas de una solapa a otra. Nada diferente a la hipocresía habitual en otros ámbitos pero con la diferencia de que la educación no es un compartimento estanco ni circunstancial en la sociedad. Educar es la base del progreso o del retroceso, de la felicidad o de la amargura colectiva e individual y de los fundamentos de la igualdad, la solidaridad y la unidad de una comunidad o de un país. Detrás de la educación funcionan resortes esenciales para conocer el pasado, mantener el presente y construir un futuro mejor. Y estos conceptos, además, se sustentan sobre bases ideológicas ocultas o visibles.

En estos días me he espantado al escuchar a quienes cuantifican la situación en base a las inversiones. El eterno disparate del capitalismo. Incluso hemos escuchado a la derecha considerar el resultado como el fracaso de la educación socialista allí donde gobiernan ellos mismos las competencias en educación. Y sí, estoy de acuerdo. La socialdemocracia, desde González a hoy, ha fracasado por cobardía en los ámbitos de la educación como comprobamos con el crecimiento exponencial de la extrema derecha en las aulas, lo diga o no PISA.

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