Mariluz Villar
MUJERES
Eterno Mark Twain
MUJERES
Grande e intensamente negro; pelaje espeso y aterciopelado; una tenue franja de pelo blanco en el pecho; difícil de encontrar con luz natural”. Eterno Mark Twain. Eterno, sí, porque la literatura no sería lo mismo sin su ternura, su frescura, su sentido del humor, su poesía y capacidad de soñar. ¿Quién no ha leído y disfrutado por lo menos una vez en la vida con “Las aventuras de Tom Sawyer” o “Las aventuras de Huckleberry Finn”? Y pongo sólo dos ejemplos de su ingenio. Tom Sawyer o la maravilla de ser niño, de vivir intensamente la etapa que se va y nunca vuelve pero que queda en los sentidos para ser recordada siempre. Sólo un escritor de gran corazón pudo escribir un anuncio tan emotivo y personal, para encontrar a uno de sus gatos queridos: “Grande e intensamente negro; pelaje espeso y aterciopelado; una tenue franja de pelo blanco en el pecho; difícil de encontrar con luz natural”.
Perdónenme, queridos lectores, que vuelva a escribir sobre los pequeños peludos, pero hay que dejar sentado que han sido los animales de compañía preferidos de una gran mayoría de intelectuales y artistas de todos los tiempos. Si nos referimos a Mark Twain, a quienes nos ha llevado directamente su anuncio en el New York American en busca de Bambino, vemos la devoción que el escritor tenía por quienes compartía su hogar y su cariño. Los amaba; establecía con ellos un vínculo especial, y los consideraba fuente de inspiración para sus obras. Este vínculo evidencia uno de los aspectos entrañables de su vida. Si alguien pregunta qué fue de Bambino, decirle que el hijo pródigo volvió a casa sano y salvo. Los animales como las personas, a veces se toman vacaciones para disfrutar aventuras, pero también, como las personas, regresan al nido que representa la seguridad, el refugio, el calor, el afecto y cuidado.
Bien está recorrer mundo, explorar, encontrar, ganar, fracasar, reír y llorar, porque son experiencias que hacen más grande al hombre. Pero la cuna es el punto de partida y generalmente de llegada. Llamémosle “morriña”, añoranza… Hay animales que recorren kilómetros para volver al “paraíso” perdido. Seguramente la odisea de Bambino fue recorrer algunos tejados en busca de la gran aventura resumida en mirar durante unas noches de terciopelo estrellado la llamada brillante de la luna de plata, quizá junto a un ratón errante.
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