Jaime Rodríguez Arana
La democracia
VÍA DE SERVICIO
Tras el fragor de la batalla todos los partidos a la izquierda del PSOE tendrán que explicar su adicción a hacer pasar intranquilidad a sus votantes, y su incapacidad para llegar a los límites temporales con los deberes hechos cuando queda claro que la incertidumbre que provocan está relacionada con odios africanos que nada tienen que ver con rogar el objetivo final que pretenden. Todos los partidos aseguraban que ellos no pondrían ninguna objeción a las candidaturas unitarias, pero todos se dedicaron a hacer la guerra por su cuenta, a realizar ofertas de pactos fraccionados por comunidades autónomas o por formaciones políticas dando vueltas para tratar de encajar el puzzle.
Se pierde la pista de todas las iniciativas que se han puesto sobre la mesa: el acuerdo de Podemos con ERC, la primera de ellas, que ha dejado en nada la oferta de unidad que realizó el diputado de ERC, Gabriel Rufián que despertó ilusiones, pero que al final no se ha concretado. Solicitar a los Comuns la integración era un brindis al sol, porque una formación es soberanista de izquierda y los otros no están por la independencia y además apoyan al PSC en Cataluña. Contradictorio, además, que Podemos, cuyo exlíder, Pablo Iglesias, dijo que en un referéndum independentista votaría en contra de la secesión, se sume ahora al independentismo.
Exigir que Irene Montero encabece la candidatura está fuera de rango frente a partidos con mayor representación conjunta, y en esa situación un puesto en la lista más arriba o más abajo carece de importancia salvo que se quisiera torpedear la unidad.
En varias comunidades autónomas el acuerdo de las fuerzas a la izquierda del PSOE ha fluido con naturalidad, quizá porque han realizado un trabajo previo en el que se han atenido a la realidad territorial, a la potencia de cada fuerza política y se ha superado la lucha de egos.
Pero Podemos, que es partido extraparlamentario en la mayor parte de las comunidades autónomas, que ha perdido votos a espuertas, es el que ha decidido poner más condiciones para la unidad, eligió a su candidata a la presidencia del Gobierno, la condicionó a unas primarias para la elección de listas, ha ofrecido solo a IU un acuerdo nacional, que Antonio Maíllo descartó de plano, y no ha dejado de dar la batalla por Madrid, epicentro de Frente Amplio -integrado por Más Madrid, IU, Movimiento Sumar y Comunes- a pesar de que es dónde el Frente Amplio ha realizado las mayores cesiones con Ada Colau como candidata a la presidencia del Gobierno por Barcelona y con el ofrecimiento a Podemos de dos puestos de salida garantizados. Los mismos que podrían conseguir si concurrieran por separado. Exigir que Irene Montero encabece la candidatura está fuera de rango frente a partidos con mayor representación conjunta, y en esa situación un puesto en la lista más arriba o más abajo carece de importancia salvo que se quisiera torpedear la unidad.
Con los sucesivos enfrentamientos, las luchas por las listas, el malestar generado entre los votantes que no entienden las discrepancias y cuando se puede dar por hecho que, una vez constituido el Congreso, los diputados de Podemos. volverán a intentar formar grupo parlamentario propio, todas esas formaciones están dando argumentos para que no funcionen las matemáticas parlamentarias donde se supone que uno más uno suman más de dos. Por eso, tienen sentido las candidaturas de unidad para el Senado.
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