"La extraña derrota", de Marc Bloch: "La abdicación de la inteligencia"

LEER ES UN PLACER

La extraña derrotam, de Marc Bloch
La extraña derrotam, de Marc Bloch | La Región

Por sus obras los conoceréis

Marc Bloch (Lyon, 1886-Saint-Didier-de-Formans, 1944). Formado en París, se desempeñó como profesor de historia y cofundador de Annales. Su obra “Apología para la historia”, por su rigor, consolida una mirada renovadora sobre el oficio de comprender el pasado.

Los libros raros me atraen tanto como la gente rara. Sobre todo aquellos que escapan a las clasificaciones del canon ordinario, y están ahí, agazapados, de lomo, en una librería de segunda mano o simplemente en una sección alejada del denso tráfico de novedades.

Hace una semana vi en un estante “La extraña derrota” de Marc Bloch (Crítica, 2019), y tras una rápida incursión en sus páginas, supe de inmediato de aquel volumen era para mí, que me esperaba como todas las cosas que nos esperan en el porvenir. Este curioso ensayo histórico analiza las causas profundas de por qué Francia en 1940 apenas pudo hacer frente a la invasión alemana que terminaría con una ocupación prolongada durante cuatro años. Es el estudio de una parálisis, un viaje a los mecanismos que permiten eso que el propio autor llamó “la abdicación de la inteligencia”.

A lo largo de estas páginas asistimos a un ejercicio de lucidez que logra algo afinadamente excepcional: historiar el presente, narrar la debacle en desarrollo y juzgarla. Estas cosas logró Marc Bloch sin proponérselo, afiebrado por las urgencias del momento y la necesidad de dejar un testimonio.

Nadie como él fue capaz de ver la sarna del óxido en los engranajes sociales de su tiempo, la esclerosis intelectual y la fragmentación de unos mandos militares que aún pensaban con un retardo de veintidós años frente a la tragedia inminente; nadie como Bloch supo ahondar en la hipertrofia burocrática y el colapso administrativo de un país que había optado por la anestesia de la conformidad.

Todos tenemos dentro una “Línea Maginot”, una vieja fortificación que no resistiría la guerra relámpago de unos okupas, la acumulación silenciosa de esas suscripciones que seguimos pagando con tal de no cancelar en un minuto de firmeza y orden.

Ha sido inevitable, durante su lectura, no pensar en “Casa tomada”, ese cuento de Julio Cortázar, curiosamente publicado en el mismo año de “La extraña derrota” (1946) y que trata sobre el acorralamiento progresivo de dos hermanos atrapados en una evasión cuyo propósito inconsciente es esquivar el dolor que produce la realidad.

Muchos de vosotros os preguntaréis qué utilidad tendría leer hoy la crónica de la apatía francesa que históricamente desembocó en la sumisión extrema, pero yo os digo que aquella negación de los hechos en 1940, que aquella comodidad de hallar ventajas en el sometimiento, se parece demasiado a ciertas zonas o momentos íntimos de nuestras vidas.

Todos tenemos dentro una “Línea Maginot”, una vieja fortificación que no resistiría la guerra relámpago de unos okupas, la acumulación silenciosa de esas suscripciones que seguimos pagando con tal de no cancelar en un minuto de firmeza y orden. Todos tenemos dentro ese cuartel general de 1918 que sigue comunicándose con palomas mensajeras en pleno 1940. Abdicar es cómodo; enfrentar cuesta. Ahora mismo pienso en todo lo que me he negado a ver por miedo, y recaigo en lo que puede enseñarme un libro escrito hace más de ochenta años. Un libro que muchos podrían calificar de “denso”, de “tostón”, pero que yo encuentro delicioso y necesario.

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