TRAZADO HORIZONTAL
La tragedia de Adamuz
MUJERES
Hoy este espacio va de fantasmas, esos entes que pululan por castillos sobre todo. Pero que están por todo el mundo, y particularmente en España, que no hay lugar, sean viejos o nuevos hospitales, palacios, casas abandonadas o habitadas, en que no haya uno dispuesto a salir a la palestra. La literatura, el cine, la poesía han optado por ellos de forma cómica, hermosa, vengativa, amorosa... En el arte en general, siempre han estado presentes. Pero tal vez, los más queridos sean los de esa maravilla que con su gran talento nos dejó José Zorrilla en su “Don Juan Tenorio”. Es una pena que se pierdan las tradiciones que tanto enriquecen a las sociedades.
Todas estas almas ficticias, pero vivas, unas buenas, otras no tanto, por sí mismas, son joyas de la corona literaria.
Ustedes, queridos lectores, lo tienen todavía presente porque no hace tanto tiempo, a principios de noviembre se ponía en teatros, televisiones, y en todo lugar en que cabía la representación. Y si vamos de fantasmas, quien sabe enfrentarse a ellos sin ningún remordimiento es nuestro Don Juan: “No os podréis quejar de mí,/ vosotros a quien maté;/ si buena vida os quité,/ buena sepultura os dí”. Atrevimiento sin igual porque en la escena cumbre del cementerio, nuestro protagonista, en una confusión mental al borde de la locura, exclama: “¡Sí, sí; sus bustos oscilan,/ su vago contorno medra...!/ Pero don Juan no se arredra./ ¡Alzaos, fantasmas vanos,/ y os volveré con mis manos/ a vuestros lechos de piedra!”. Pero Don Juan llega a más, mucho más, frente a la efigie de Don Gonzalo le dice: “tú eres el más ofendido:/ más si quieres te convido/ a cenar, Comendador”. Y el muerto acepta el reto y se presenta a la mesa. Tenemos fantasmas atractivos, geniales, graciosos, inocentes, bizarros, condenados a vagar eternamente…
Creaciones de Leónidas Andreyev, Shakespeare, Hoffmann, Allan Poe, G. Adolfo Bécquer, Henry James, Josephine Leslie, Richard Wagner, y un largo etc., imposible de enumerar. Fantasmas inolvidables. Como ejemplo, el de Canterville, el de la Señora Muir, el padre de Hamlet, Jessel y Quint, el Holandés Errante, el de la ópera, Casper… Todas estas almas ficticias, pero vivas, unas buenas, otras no tanto, por sí mismas, son joyas de la corona literaria. Lo terrible es que, como todo se deteriora, particularmente en estos tiempos raros, hay que aguantarse con tanto fantasmón como hormiguea en la vida real, sin poder evitarlos ni siquiera con exorcismos.
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