Fica bem

EL ÁNGULO INVERSO

Fica bem
Fica bem | Alba Fernández

Martes 22 de julio

Como un ourensano más me fui ayer a Samil. Pero te cuento, hermano lector, que no fui por la playa ni por tumbarme embadurnado al sol. Te diré por qué voy. Nací en la raia y amo Portugal. Cuando llego me conmuevo al ver bajo la arboleda esparcidas las familias portuguesas que vienen de pueblos cercanos. Llegan, montan su cuartel general, bajo un árbol sobre una mesa de piedra. Allí están todos. Los abuelos, los padres, los hijos, los nietos… todos a la espera de un opíparo banquete.

Es enternecedor contemplar la calidez con la que tratan a los abuelos. Llega la hora de comer y me asombro. Van sacando un plato, ahora otro, otro, vino, café, licores… son una piña que recuerda la canción de Amalia Rodrigues.

“Numa casa portuguesa fica bem

Pão e vinho sobre a mesa

E se à porta humildemente bate alguém

Senta-se à mesa com a gente”

Yo me senté discreto cerca de ellos, les pedí que me guardaran la bolsa mientras iba a pisar el mar. Ellos asintieron gustosos. Al regresar estaban en el postre. De su mesa se me acercó alguien. Me invitaron a café y dulces. Y mira tú, apareció un hombre con su acordeón, ese instrumento tan lusitano, y comenzó a tocar viejas canciones portuguesas.

Yo reconocí algunas que escuché cuando era niño a los vecinos portugueses que venían a comprar al comercio de mi abuelo en Arzádegos. La familia que me invitó, espabiló y se puso a bailar todo el mundo. Yo le pedí que tocara “Grándola Vila Morena”.

(Regresé un poco triste de mi último viaje a Lisboa, como si la ciudad hubiera perdido el áurea, la saudade; sucedió que algunas estrellas de la música olfatearon la magia de la ciudad y hoy todas las casas del centro de Lisboa pertenecen a extranjeros).

Cierto que al terminar la tarde regresé embriagado del alma fadista. Regresé más humanizado.

Viernes 25 de julio

Ayer en su local del Frade, Quique y yo recordamos aquel concierto que en los 70 vimos juntos en Amsterdam, en el Paradiso, un viejo teatro convertido en sala de rock. Inevitablemente hablamos de Ozzy Osbourne. Quique y la banda en plena forma de Black Sabbath. Éramos muy jóvenes y aquel concierto permanece en nuestra mente. Aquel hombre de vida excesiva hizo una actuación fantasmal. La peña encendida le pedíamos una y otra vez “Paranoia”. Cielo santo cómo me marcó esa canción. “Debo estar ciego / no puedo ver las cosas / que dan la verdadera felicidad / no sé qué camino tomar…”

Después leí el verso “no andes errante / busca tu camino… / dejadme ya vendrá un viento fuerte que me lleve a mi sitio”.

Recuerdo bien, salimos juntos Quique y yo, perturbados caminando erráticos. Quizá el espíritu de Ozzy nos llevó al lado más duro de la ciudad.

Hermano lector, nos veremos en septiembre.

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