Julia Navarro
Un pésimo equipo
Hay que reconocer que la factoría de Moncloa tiene la habilidad suficiente para lanzar iniciativas con las que se pretende condicionar la conversación pública. La última ha sido la persecución del odio en las redes que veremos lo que da de sí. Antes fue el año, con los consabidos actos, para conmemorar la muerte de Franco, que hasta donde se sabe apenas si ha habido tres o cuatro actos sin que la gente hiciera cola para asistir a los mismos, y después el famoso teléfono en el que la ministra de Trabajo estaba al otro lado de la línea para escuchar a los agobiados por algún problema de vivienda. Ni una sola llamada...
Estos hechos y algunos más ocupan lugar en la conversación pública y, mientras duran, otros asuntos, al menos durante unos días, quedan relegados a segundo lugar.
Uno de estos hechos es el viaje del rey a Chile para asistir a la toma de posesión del nuevo Gobierno, claramente de derechas. En contra de lo que aconseja y siempre se ha practicado por todos los gobiernos, el jefe del Estado viaja acompañado por el denominado “ministro de jornada”. En la actualidad no será por falta de ministros ya que tenemos el gabinete más numeroso que nunca ha habido en democracia. Como al parecer no había ningún ministro disponible, el rey ha viajado acompañado por una secretaria de Estado.
Los usos y costumbres adoptadas por el Ejecutivo han inaugurado una forma de hacer y estar en política que esto sí que es tiempo nuevo
Naturalmente, la decisión de que el rey viaje solo no se ha estrenado con el viaje a Chile. Son ya numerosas las ocasiones en las que Felipe VI ha cruzado el Atlántico sin “ministro de jornada”, algo que, quizás, Zarzuela no debería admitir.
Que el rey viaje solo no es cuestión de protocolo, que también. Es sobre todo el reconocimiento institucional de la corona que el Gobierno ha ido debilitando. No es que el PSOE y el Ejecutivo no apoye a la corona. No, no se trata de eso. Se trata de quitarle sitio, de debilitar su importancia para convertirla en algo parecido a una figura de atrezzo.
Sin embargo, como estamos muy cerca de admitir al pulpo como animal de compañía, no pasa nada. Poco a poco se está asumiendo con naturalidad que el rey, según sea el color del presidente que se trate, viaje solo. Se admite con la misma naturalidad que se admite por muchos que se puede agotar una legislatura sin un solo presupuesto aprobado en la misma, atentando así, de manera directa, al mandato constitucional que obliga al Gobierno a presentar el proyecto de las cuentas públicas, haciendo verdad las palabras del presidente advirtiendo que gobernaría con o sin el concurso del Parlamento. Algo tan inédito, tan sorprendente, como que el rey viaje solo.
Los usos y costumbres adoptadas por el Ejecutivo han inaugurado una forma de hacer y estar en política que esto sí que es tiempo nuevo. Pero este tiempo nuevo solo está permitido a Pedro Sánchez. Si algún día gobierna la derecha en España, ¿creen que se le permitiría gobernar con el apoyo o no del Parlamento? ¿No creen que se criticaría con dureza si el rey viajará solo? Muchos lo haríamos porque lo que está mal está mal, lo haga quien lo haga. Lo que está haciendo el Gobierno está mal.
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