Pilar Cernuda
CRÓNICA PERSONAL
Fiesta nacional con la campaña electoral y Ceuta, de fondo
CRÓNICA PERSONAL
La campaña electoral impregnó la Fiesta Nacional desde que se iniciaron los actos institucionales con el desfile de las Fuerzas Armadas. Todos pendientes de cómo iba a recibir el público al presidente de Gobierno, tras varios años de gritos. Si hace dos años llegó más tarde que el rey para que se solaparan los abucheos, éste decidió permanecer en el interior de su coche hasta que se acercó el de los reyes seguido del que ocupaban sus hijas. La bronca fue sonora mientras Sánchez permanecía en su vehículo. Y al salir, la cosa no empezó con buen pie.
Como contraste, los vivas al rey y a España, ante el aspecto serio, distante, de Pedro Sánchez, que una vez iniciada la recepción en el Palacio Real se fue en cuanto pudo. Tampoco permanecieron mucho tiempo los ministros, ni Feijóo, que tenía un compromiso. Cuesta decirlo, pero en esta ocasión la celebración estuvo descafeinada, solo la cercanía del rey Felipe justificó la asistencia. Acudieron, además de las instituciones, representantes de la sociedad civil, y figuras públicas de distintos sectores sociales.
Ceuta estuvo presente en la mayoría de los charlas y comentarios. Los reyes inician hoy su esperado viaje a Ceuta y Melilla, el primero que realizan. Sánchez tenía reticencias para autorizarlo, ponía como excusa que había que aguardar al momento oportuno, y cuentan algunas fuentes no autorizadas que don Felipe presionó al presidente para que fijara una fecha cuanto antes. Cuesta creerlo, el rey sigue escrupulosamente las normas, y el Gobierno debe dar luz verde a cualquier viaje suyo; pero también es cierto que don Felipe llevaba muchas semanas demostrando ansiedad por realizar el viaje cuanto antes.
D. Felipe y Doña Letizia se mueven bien en las situaciones más delicadas, expresan sinceridad en el contacto directo con la gente, saben escuchar y transmitir solidaridad y afecto.
Si bien el programa lo han elaborado Zarzuela y Moncloa, se nota la mano del rey en algunos puntos, como el acto de recuerdo en el cementerio musulmán a los más de 80 migrantes marroquíes fallecidos al intentar entrar en Ceuta el pasado mes de julio. El rey también se reunirá con las autoridades de las religiones que conviven en Ceuta, la católica, musulmana, judía e hindú.
No lo recoge el programa, pero se da por hecho que los reyes encontrarán el momento de cambiar impresiones y conocer de directamente de los ceutíes sus sentimientos ante la situación desesperante, y de inseguridad, que sufren desde hace dos meses y medio.
Por otra parte la visita tiene un componente que preocupa al rey y al Gobierno: la reacción de Mohamed VI ante la presencia del jefe de Estado español en unas ciudades que el propio Gobierno marroquí considera “ocupadas”.
La Fiesta Nacional ha sido prólogo de la visita a Ceuta y Melilla, probablemente el viaje nacional en el que más atención se pondrá en interpretar gestos, palabras y detalles. Pero don Felipe y doña Letizia se mueven bien en las situaciones más delicadas, expresan sinceridad en el contacto directo con la gente, saben escuchar y transmitir solidaridad y afecto.
Este viaje marcará un antes y un después en la relación con Marruecos.
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