Antonio Nespereira
PERDÓN POR LA MOLESTIA
Mi madre y el cuco, y otras aves
La devoción al Sagrado Corazón es una devoción reciente. Tiene sus raíces en las revelaciones recibidas por Santa Margarita María de Alacoque en 1647 y en 1690 en el monasterio de Paray-Le Monial (Lyon Francia). Se le apareció Jesús, señalando su corazón y diciendo: 'He aquí este corazón que tanto ha amado a los hombres y que en recompensa no recibe de nosotros más que ingratitudes, irreverencias, sacrilegios, frialdades y desprecios.
Fueron los papas del siglo XX quienes fomentaron su devoción: León XIII hizo la solemne consagración del género humano al corazón de Jesús. Pío XII escribió una carta encíclica sobre esta devoción. Juan XXIII afirmó que esta advocación ha aportado incalculables beneficios a la iglesia y a la humanidad. Juan Pablo II nos dijo que Jesús en sus apariciones quiso mostrar su infinito amor a la humanidad y el deseo de hacerse amar. En el siglo XX esta devoción llegó a su culmen en la efigie del Sagrado Corazón, entronizada en templos y en casas particulares. Los fieles devotos comenzaron a practicar esta devoción y a multiplicar su imagen.
En nuestra ciudad se desarrolló pujante esta devoción sobre todo en los templos de Santa Eufemia, donde se celebra el propio día de la fiesta, que es el 7 de junio, y en el de la Santísima Trinidad, donde funcionan doce coros dedicados a la devoción del Sagrado Corazón. En esta parroquia se celebra bajo el título del Corazón Eucarístico de Jesús, el domingo de la Santísima Trinidad, el 26 de mayo. Recientemente surgió una nueva parroquia que se puso bajo la advocación del Sagrado Corazón.
En España, en el año 1919 el rey Alfonso XIII leyó la consagración del país al Sagrado Corazón delante de un monumento levantado en el Cerro de los Ángeles. Durante nuestra guerra civil el monumento fue derribado, y el 25 de julio de 1965, Franco, después de restaurar el monumento, renovó la consagración de España al Sagrado Corazón con la misma fórmula que había empleado Alfonso XIII en 1919. En esta novena y en su fiesta deberíamos rendirle adoración y renovar la consagración de los individuos, de las familias y de las parroquias y aldeas de la Diócesis de Ourense.
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